La persona sufrió un infarto / Foto: Jetza Múzquiz
El cuerpo fue encontrado en uno de los cruces más transitados del primer cuadro de la ciudad

Ante su fiel público, conformado por los transeúntes que a diario inundan las calles del centro de la ciudad, Natividad tocó sus últimas notas antes de caer fulminado por un problema cardíaco que, a la postre, terminó por arrancarlo de este mundo.

De nada sirvieron las atenciones que los paseantes le dieron a Natividad Hernández, de 84 años, quien cerca de las 15:00 horas de ayer perdió la vida a causa de un infarto fulminante, que lo sorprendió cuando pedía dinero en las calles de Ignacio Allende y Manuel Pérez Treviño.

La gente que pasaba delante del cuerpo sin vida de Natividad lo recordaba, porque todos los días lo veían delante de la Farmacia Benavides, con una bolsa de plástico con sus pocas pertenencias a un lado y su botecito con el que pedía una moneda mientras hacía cantar a su acordeón.

Pero ayer todo fue diferente, pues Natividad empezó a sentirse mal y de a poco perdía fuerzas, por lo que las personas que lo vieron lo sentaron delante de un negocio de venta de vestidos de novia, donde finalmente perdió el conocimiento.

JOVENCITAS INTENTAN AYUADRLO

Por el lugar había unas estudiantes de enfermería que pronto se dieron a la tarea de proporcionar las maniobras de reanimación cardiopulmonar al paciente, mientras esperaban que las asistencias médicas de la Cruz Roja llegaran hasta el lugar.

Congestionado por el tráfico debido al cierre de calles por la visita de Andrés Manuel López Obrador, la ambulancia batalló, pero por fin pudo abrirse camino y llegar hasta donde se encontraba reunida la Policía de Proximidad intentando ayudar a Natividad.

Los paramédicos —tristemente— se limitaron a informar que ya no contaba con signos vitales, y cubrieron el cuerpo con una manta.

Al lugar acudieron agentes de la Policía Investigadora y personal de la Unidad de Investigación de Homicidios de la FGE, para tomar conocimiento del deceso de Natividad y ordenar el traslado de su cuerpo al Semefo, a fin de practicar la necropsia de ley y esperar a que sus familiares lo reclamen.