Aquí, sin mayor preámbulo, le presento las que considero las tres películas obligadas de esta cuarentena (misma que sigue vigente, pero de momento no observamos porque estamos de vacaciones).

No las defenderé como las mejores pelis de la temporada, incluso puede ser que alguna no le guste (o ninguna de las tres), pero sí me parecen de una pertinencia y una vigencia dignas de ser mencionadas en este espacio. Y dice:

EL HOYO (2019, Galder Gaztelu-Urrutia). Esta alegoría distópica (o distopía alegórica), discursa sobre la distribución de la riqueza en el mundo y la desigualdad de oportunidades, entre las naciones como entre los individuos (dijo el Benemérito).

Aunque en esencia establece que estamos predeterminados a no escuchar el clamor de los menos favorecidos, aquellos que yacen en estratos de pobreza y carencia que ni siquiera imaginamos que existen, la pieza se da el lujo de filosofar un poco y aventurar algunas teorías.

La anécdota se desarrolla en una prisión de algún futuro quizás no tan lejano, en la que los distintos niveles están dispuestos tan verticalmente como lo están los estratos de la sociedad global.

Cada personaje representa una postura sobre los mecanismos para la supervivencia en este mundo matraca, en el que un día te despiertas quizás una docena de pisos debajo de donde estabas cuando te fuiste a dormir.

Otros personajes, sin embargo, relegarán la propia preservación como algo secundario, siendo su prioridad el bienestar colectivo y fijarán también sus estrategias para esto.

Claro, aunque en su discurso es un poco cándida y moralina, la acción se desarrolla en un ambiente sórdido, muy lúgubre y deliberadamente repulsivo. A pesar de ello no es difícil involucrarse con el personaje principal y luchar con él por un mundo más igualitario, tratando de no morir en el intento.

¿Por qué la considero una pieza pertinente para estos pandémicos días?

¿Se acuerda cómo al inicio de esta pesadilla la gente con poder adquisitivo acudió en masa a acaparar (por alguna razón pendeja) todo el papel sanitario que le fuera posible, creando con esta psicosis un verdadero desabasto que comprometió el futuro de millones de traseros en todo el mundo?

Bien, pues son estas actitudes profundamente egoístas y desconsideradas, tan comunes en las clases pudientes (de abolengo o de nuevos ricos), las que se ven retratadas en esta cinta que fue una de las sorpresas de la temporada.

YA NO ESTOY AQUÍ (2019, Fernando Frías). Es muy fácil hacer una película sobre los grupos marginales de las zonas urbanas y suburbanas. Pero no es tan sencillo hacer una buena película, verosímil y profunda sobre este mismo tópico.

Hay cosas que no se pueden fingir y quizás por esto su realizador trabajó con auténticos chavos del “movimiento kolombia” regiomontano.

Yo nunca me he sentido especialmente cautivado y mucho menos identificado con esta subcultura, sin embargo, no fue impedimento para que yo pudiera emprender el viaje de la mano de un héroe que, bajo ninguna casualidad, se llama Ulises.

La cinta no es en absoluto complaciente y va ser muy difícil que alguien encuentre cualquier forma de redención en este relato.

En contraposición al concepto de “ciudadano del mundo”, tenemos a este Ulises que literalmente no pertenece a ninguna parte de la geografía global. Su periplo lo lleva a la capital del primer mundo, pero también se asoma al continente asiático, para el que no deja de ser una mera curiosidad pasajera; incluso se pone en contacto con su ensoñada y mítica Colombia, con la que descubre que tampoco tiene nada qué ver en absoluto.

Y por supuesto, México tampoco fue jamás la patria para este chavo cuyo único terruño era la música y el baile, cosa que también le fue arrebatada ante la inacción e impotencia de un gobierno que al final se excusa en la propia voz de su entonces jefe supremo, el presidente Felipe Calderón.

¿Por qué es pertinente? Ahora que estamos tan pendientes de la discriminación y el racismo en otros países, sería oportuno pensar primero en los marginados que están en las colonias invisibles de nuestras propias ciudades.

“Ya no Estoy Aquí” se trata, en resumen, de aquellos que a pesar de no tener nada, lo perdieron absolutamente todo.

RICKY GERVAIS: HUMANITY (2018, John L. Spencer). Este último en realidad es un show de stand up, así que relájese… pero no mucho.

En esta era de la corrección política, las reflexiones del mejor humorista británico desde Bernard Shaw, son un remanso para quienes comenzamos a sentir que todo nuestro sistema de creencias es un oprobio para el nuevo régimen que pretende instaurarse y objeto de persecución.

Gervais nos dice por qué no sólo es bueno, sino además inevitable que el ser humano se ría de todo aspecto posible de su patética condición, comenzando por los niños con cáncer.

Así como yo lo digo, suena terrible, pero créame que la exposición de Gervais es impecable y deja en claro por qué no debemos asumir nada de manera personal y por qué debemos buscar el sentido de la vida, en vez de estar buscando todos los días nuevas y más elaboradas razones para sentirnos ofendidos.

Y para ser congruente, él mismo se convierte en el blanco de sus mejores burlas. El propio Ricky Gervais siendo sodomizado por satán en el infierno mientras sus detractores hacen escarnio de esto, es una imagen que él mismo se encarga de pintar con el pincel del timing perfecto.

Si usted se sintió hoy ofendido por el patriarcado, por el feminismo, por la corrección o por la falta de ésta, ¡usted necesita con urgencia ver esta joya del humorismo!

Las tres están en Netflix y, le repito, son más pertinentes que nunca.

Enrique Abasolo

Columna: Nación Petatiux