El presidente Andrés Manuel López Obrador casi no le tiene miedo a nada. Si revisamos sus declaraciones se ha lanzado contra todo y contra todos. Hasta se enfrentó con la corona española por un asunto de hace 500 años. Pero hay alguien con quien no se mete, hay alguien a quien sí parece tenerle miedo: al presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Quizá sea el poderío del imperio. Quizá sea porque un berrinche de Trump puede hacer llorar a México.

A cualquiera que lo critique o no piense como él, el presidente López Obrador lo tacha de corrupto, fifí, conservador. No duda en descalificar así a mamás de guarderías, doctores de hospitales sin recursos, opositores, activistas, académicos, empresarios, líderes de la sociedad civil, periodistas. Pero Trump es su amigo. Se lo dice y se lo firma.

El presidente López Obrador encontró en Trump a la horma de su zapato. Y ahora ya sabe lo que se siente: Trump es un mandatario que descarta razones técnicas, no tiene respeto por la ciencia, tiene siempre sus propios datos, desoye a sus asesores, ignora a la academia, desprecia a los expertos.

En síntesis, le aplica al presidente López Obrador el “me canso ganso”, en inglés.

Mientras el mexicano apela a la razón, el estadounidense se instala en la campaña política. Frente a la lógica del mexicano, el capricho del vecino. López Obrador le manda una carta muy sentida, Trump ni la referencia (¿la habrá leído?).

Es cierto que Trump odia a México, que está en campaña, que usa a nuestro País como bandera para encender a su base y llevarla a las urnas. Sí. Pero también es innegable que un tramo del desorden en la frontera México-Estados Unidos tiene que ver con la política migratoria lopezobradorista que al arranque del sexenio abrió las puertas y hasta ofreció visas humanitarias. Esta política pública, inobjetable desde la moral, generó la expectativa en todo el mundo de que México era la puerta de entrada a Estados Unidos. Se disparó aún más la migración y cuando la autoproclamada 4T se asustó y disminuyó la emisión de visas, ya era demasiado tarde: la fama se había esparcido en el mercado ilegal del tráfico de personas.

Ante ello, Estados Unidos avisó: lo declaró Trump, lo dijeron los de su gabinete, el yerno vino a cenar con el mismo mensaje al presidente mexicano: paren el flujo de migrantes. México no hizo lo suficiente. Nada más en mayo llegaron 140 mil a la frontera americana. Se la pusieron en bandeja a Trump y, en campaña, no la iba a desaprovechar.

SACIAMORBOS

En la carta a Trump, el presidente AMLO enaltece la figura de Roosevelt. Lo llama “titán de las libertades”. El mismo Roosevelt que estableció campos de concentración para estadounidenses de origen japonés en 1942, que fue impulsor y padre del Proyecto Manhattan, cuyo objetivo fue desarrollar la bomba atómica.

@CarlosLoret