El texto presente también podría llevar por título “El Pez por la Boca Muere”, pues la idea es básicamente la misma: hay personas a quienes no les caracteriza la congruencia entre lo que dicen y lo que hacen. O entre lo que critican en otros y su conducta propia.

El comentario viene al caso a propósito del reporte periodístico que publicamos en esta edición, relativo al gasto que ha generado, en tan sólo un mes, el “estilo de vida” del aún flamante presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.

Aunque quizá valdría la pena precisar que el señalamiento no es precisamente respecto del gasto, sino del contraste entre las críticas que el propio Trump enderezó en su momento en contra de su predecesor, Barack Obama y lo que él mismo está haciendo ahora.

Y es que de acuerdo con los cálculos realizados por la organización civil Judicial Watch, en el mes que Trump lleva en la Presidencia le ha costado a los contribuyentes casi 11 y medio millones de dólares tan sólo en viajes familiares a su residencia en Florida.

Trump, quien por diversas razones no vive con su familia en la Casa Blanca, ha decidido volar cada fin de semana a West Palm Beach, Florida, en donde tiene una residencia.

Cualquiera podría decir que si el magnate quiere pasar el fin de semana en su casa —esté en donde esté—, eso no debería importarle —y, mucho menos, preocuparle— a nadie. El problema es que, como es el Presidente de los Estados Unidos, forzosamente debe hacer esos viajes a bordo del Air Force One (el avión presidencial) y debe ser acompañado de todo el equipo de un mandatario estadounidense.

Y eso cuesta… y cuesta mucho. Unos tres millones de dólares por fin de semana, de acuerdo con la información conocida.

Pero incluso con esta información podría ser que alguien argumentara que “eso cuesta la paranoia” estadounidense y que los contribuyentes del vecino país deben asumir el costo.

El problema es otro. Son las críticas que Trump lanzó en contra de Obama por “despilfarrar” el dinero de los contribuyentes en sus viajes de descanso: “El vacacionista habitual, Barack Obama, está ahora en Hawaii. Estas vacaciones le están costando a los contribuyentes cuatro millones de dólares, mientras hay 20 por ciento de desempleo”, escribió Trump en un tuit lanzado a través de su cuenta en diciembre de 2011.

De acuerdo con los cálculos realizados, los viajes de placer de Obama le costaron a los contribiyentes estadounidenses poco más de 12 millones de dólares al año y Trump casi se ha gastado esa misma cantidad en sólo un mes.

El nuevo inquilino de la Casa Blanca seguramente se justificará diciendo que es otro dato de la prensa “corrupta”. La justificación sólo servirá para demostrar, una vez más, que los políticos del mundo entero difícilmente podrán servirnos como ejemplo de congruencia.
en el mes que Trump lleva en la Presidencia, le ha costado a los contribuyentes casi 11 y medio millones de dólares en viajes familiares a su residencia en Florida.