El luchador lagunero sufrió hasta llegar al estrellato

Último Guerrero es uno de los luchadores más populares de México sin embargo, antes de ser la figura de los encordados tuvo que sufrir para alcanzar el estrellato. 

En una entrevista para La Tijera, el luchador lagunero explicó que en sus inicios tuvo que dormir en las arenas debido a la poca paga. 

"Llegas, nadie te conoce, no hay trabajo asegurado. Llego a Promel y nos dieron chance a mi y mis parejas, Luciferno y Panterita del Ring, de quedarnos abajo del Ring en un gimnasio de Eje 6 y las Torres. Ahí viví 2 años".

 Una vez en la Ciudad de México, la lucha tardó en llegar y el de Torreón tuvo que buscar trabajo en otra rama.

 "Cuando llego a México batallas para la papa, no hay luchas, no hay de comer y hay que buscarle. Fuerza Guerrera pregunta que quién sabía soldar y yo había estudiando eso. Entre a trabajar a la Merced y a ganar dinero, ya sacaba para comprarme aguacate y tortillas".

Durante ese tiempo, el Último Guerrero pensó en dejar su sueño de ser luchador, por momentos complicados como el día que una máquina casi lo deja sin un dedo. 

 "Estaba pintando charolas y cuidado una máquina industrial, tenía un desastre y una guillotina me cortó el dedo, me rebanó el hueso y pues imagínate. Sin dedo, con dolor, sin lucha, sin dinero. Me llevaron a una prensa y me cocieron sin anestesia. Ahí fue cuando dije '¿Qué estoy haciendo aquí?'". 

Sin embargo su constancia lo hicieron debutar en la Arena México y actualmente es uno de los mejores luchadores del pancracio.