Autoridades estatales presentaron ayer a los medios de comunicación a Rogelio “N”, presunto responsable del homicidio de cuatro integrantes de su propia familia y quien era buscado desde hace más de una semana como principal sospechoso del multihomicidio.

Con su detención podría decirse que oficialmente el caso ha sido resuelto y que el resto es “sólo trámite”, es decir, que tan sólo debemos esperar al desahogo del proceso penal que anoche mismo arrancó.

Sin embargo, su inminente vinculación a proceso será cierta solamente en términos estrictamente jurídicos, es decir, imponer una sanción a quien se considera responsable de un hecho delictivo, en caso de que la Fiscalía presente las pruebas necesarias para declararlo culpable.

Pero la sentencia condenatoria no resuelve la parte más relevante de este caso: la que tiene que ver con el aspecto humano de un hecho que no puede ser clasificado sino como una tragedia que ha dejado marcada a una familia y a la comunidad en su conjunto.

Y es que en este apartado, las primeras declaraciones del imputado han resultado tan perturbadoras como el propio crimen que habría cometido, al señalar que no está arrepentido de lo que hizo y que su motivación para el homicidio habría sido la venganza.

De acuerdo con Rogelio, las cuatro vidas que arrebató habrían sido las primeras de un proceso en el cual se asumiría como una suerte de “justiciero anónimo”, que pretende librar a la sociedad de individuos indeseables.

Como se ha dicho anteriormente, los especialistas deberán explicarnos el significado de su conducta y decirnos cómo puede una persona extraviar su esencia, a un grado tal que compare una conducta como ésta con un acto de justicia.

Por esto, más allá del proceso legal será importante que los miembros de la sociedad podamos comprender lo ocurrido, no sólo para arrojar luz sobre lo que ocurrió en el caso concreto sino, sobre todo, para que seamos capaces de prevenir la reproducción de este tipo de conductas.

Estudiar la mente de quienes cometen actos atroces, como este, constituye una disciplina relativamente nueva en el mundo occidental, pero se ha revelado como una herramienta indispensable para comprender mejor la manera en la cual se desarrollan personalidades como la de Rogelio.

Por ello es que no podemos sentirnos satisfechos ni tranquilos tan sólo por el hecho de que haya sido capturado y que ahora sea sometido a proceso. Tampoco cuando, eventualmente, sea condenado por los delitos que se le imputan.

Para sentirnos satisfechos es necesario que, además de hacer justicia en sentido estricto, se despejen las muchas dudas que existen respecto de la génesis de lo ocurrido y que hoy, con el arresto de Rogelio, no han hecho más que acrecentarse.