“La vida se ríe de las previsiones y pone palabras donde imaginábamos silencios. Y súbitos regresos cuando pensábamos que no volveríamos a encontrarnos”. José Saramago

El pasado mes de marzo las academias, escuelas, grupos y compañías de Danza del país debieron cerrar sus puertas a las clases presenciales, algunas, adelantando las vacaciones de primavera, confiando en que al regreso de estas, todo volvería a la normalidad; sin embargo no fue así: ante el aviso de las autoridades sanitarias y educativas, al igual que en las escuelas públicas y privadas de educación básica, hasta la superior, las escuelas de Danza también debieron improvisar y crear formas para cerrar el ciclo escolar apoyándose en las tecnologías de la información y la comunicación.

Para el inicio de este ciclo, nos sentíamos más preparados, los maestros tomaron cursos, talleres, y capacitaciones en tecnología digital, se compró equipo, se pagó por licencias en plataformas y otras herramientas, se reestructuraron los programas, las metodologías y modalidades, se implementaron nuevas estrategias, se ofrecieron descuentos y promociones de pago, pero al parecer no fue suficiente: las aulas físicas y virtuales recibieron apenas unos cuantos alumnos, como si el aforo obligatorio del 25% fuera ahora una mea a alcanzar, más que una limitación.

Es de entenderse, que la economía ha sido golpeada en todos los niveles, y las familias necesitan también reorganizar su disribución y priorización de actividades, muchos padres optaron incluso por cambiar a sus hijos de colegios privados a escuelas públicas, y en estos tiempos difíciles, la educación artística como complemento académico, deja de aparecer en la lista de necesidades familiares.

En esta cadena de pérdida de empleos, disminución de salarios e ingresos, los maestros de Danza, como prestadores de un servicio, han perdido también su fuente de trabajo, y con esto, la fuente de sus ingresos familiares.

En un sondeo realizado entre directores y maestros de Danza en los municipios de Allende, Ciudad Acuña, Monclova, Saltillo y Torreón, que ofrecen clases de diferentes géneros (ballet clásico, jazz, danza folklórica, contemporánea, aérea, urbana, polinesia, ritmos latinos, belly dance, entre otros), el 34% de las academias, grupos y compañías perdió  entre el 41 y el 60% de su alumnado desde el inicio de la contingencia en el mes de marzo hasta la finalización del ciclo anterior, el 23% perdió más del 61% de su población, y el 43% de las academias perdieron menos del 40%. Esto ha desenbocado en academias que están recibiendo de 1 a 25 alumnos, cuando estaban preparadas para recibir alrededor de 100, con los que habitualmente se trabajaba en el promedio de las academias en tiempos regulares.

Dado que el 53% de estas academias, grupos y compañías necesita pagar renta por el espacio que ocupan, estas cifras son importantes, ya que orillaron a un 14% a cerrar por completo sus actividades, y a un 17% a suspenderlas temporalmente.

Aunque el 53% continúa trabajando con clases en línea, el 11% en modalidad mixta, y un 6% de manera presencial; se vuelve insostenible pagar salarios por hora a los maestros y personal administrativo, la inversión en equipo e insumos para llevar a cabo los protocolos y lineamientos sanitarios, el pago de servicios y otros gastos de operación, con tan bajos porcentajes de alumnado.

La totalidad de los maestros considera que esta contingencia ha afectado en gran medida a su academia, principalmente en el aspecto económico: la deserción de los alumnos y la pérdida del ingreso que esto conlleva, el cerrar alguna sucursal o la única con la que se contaba, la necesidad de bajar salarios a los maestros, o reducir sus horas de clases, la pérdida de proyectos de festivales y competencias durante este año, los problemas técnicos y de conectividad a los que se enfrentan tanto los alumnos como los maestros, y finalmente, el retroceso en el avance y el nivel de despempeño y de preparación de los alumnos, esto impacta aún más en el ánimo de cualquier maestro o director.

Ninguno se quedó con los brazos cruzados, el fuerte compromiso moral de todo maestro con sus alumnos, les ha llevado a buscar la manera de continuar en pie: bajando precios, acondicionando sus aulas para realizar las clases virtuales, invirtiendo en equipo y en procesos de desinfección, motivando a los alumnos y a sus padres para continuar tomando sus clases, innovando en la estructura de las mismas, implementando estrategias lúdicas, creativas, entre otras.

Adicionalmente, muchos maestros han recurrido a otras profesiones y ocupaciones, a buscar trabajos adicionales, comenzar proyectos de otros negocios y ventas, solicitar créditos, préstamos familiares, recurrir a fondos de ahorros para solventar gastos emergentes y cubrir servicios. Gestionar prórroga con  arrendadores, y proveedores, entre otras muchas formas para lograr obtener el ingreso necesario para sostener a sus familias.

Es un verdadero reto permanecer abiertos, mantenerse en pie y seguir ofreciendo su servicio, los agentes de la Danza en Coahuila están haciendo comunidad, colaboran y trabajan mano a mano para el mismo fin, pero es imposible resolverlo solos, se requiere del trabajo conjunto con las instituciones, para lograr un verdadero apoyo de mayor alcance y efectividad, se requiere también la participación de una sociedad que valora la formación artística de sus ciudadanos, privilegiando los beneficios que esto derrama en cada individuo, y su contribución al rescate de la humanidad, aún más en tiempos difíciles.

Las academias, grupos, escuelas y compañías del Estado de Coahuila se encuentran abiertas, esperando el regreso de sus bailarines, para continuar con su misión formadora, para seguir aportando su talento, su trabajo y su pasión, porque la Danza no debe detenerse.