Foto: Cortesía.
El artista Rafael Ortega inaugura este sábado en Casa La Besana una exposición donde, a través de la pintura, presenta sus observaciones sobre los patrones de comportamiento que se heredan de quienes nos rodean

Un gusto, una manía, una tradición; un elemento que es parte de la identidad personal pero que originalmente pertenece a alguien más, ya identificado o anónimo, se suma a otros de la misma naturaleza y compone al individuo: una presencia, un fantasma, cargado de la influencia de muchos más.

“Un fantasma cargado de carne” es la exposición pictórica con la que el artista Rafael Ortega explora este fenómeno de la construcción del sujeto a partir de su entorno, misma con la que regresa a la pintura y que inaugura este sábado 19 de junio a las 18:00 horas en el Centro Cultural Casa la Besana a través de la agencia de arte Liquen.

En entrevista con VANGUARDIA el pintor que este ejercicio de observación nació en su hogar, con su familia. “Fue una especie de investigación en la cual vi varias mañas o tics o respuestas que se repetían de mis hijos”, dijo.

“El gusto por cierta planta ellos lo repetían nada más porque yo lo había hecho y eso mismo se repetía porque yo había visto a mi padre hacerlo y él porque un vecino de él lo hacía, entonces es un gusto heredado, que fue como copiándose, entonces fui viendo qué tantos reflejos heredamos, incluso más allá de lo familiar”, ejemplificó.

“Es estar observando a la familia, las acciones que más que de ellos eran efectos o reflejos de otros, tanto míos como de su madre o de otros, y eran estas herencias no físicas, sino en la manera de comportarse, en el humor, la personalidad y demás”, explicó.

El tema, considera, es una suerte de continuación o evolución de exploraciones discursivas similares que hizo en el pasado, también enfocadas a la construcción del sujeto y de la identidad, ahora con la oportunidad de volver a trabajarlo desde la plástica, aunque para llegar a hacerlo a través del óleo primero se planteó otras salidas.

“Al principio no lo veía como para producir, era más una serie para reflexionar, simplemente fue algo que me llamó la atención, que me dio curiosidad y que seguí investigando. Agarré también el archivo fotográfico familiar. Hace como año y medio, dos años, mis padres se divorciaron y uno de ellos empezó como a mutilar las fotografías, en este intento de negar o alterar la memoria, el archivo familiar”, contó, “en primera instancia usé fotografía intervenida, era como la necesidad de experimentar con eso, pero luego empecé a agarrarlo a través de la pintura, porque finalmente para mí pintura es un lenguaje que conlleva tiempo, y el tiempo conlleva reflexión, entonces a la hora de pintar es más largo el proceso de estar reflexionando en torno al tema. Y la fotografía, si bien puede ser planificada, no deja de ser un acto más inmediato, más espontáneo, y el dibujo y la pintura no, es más metódico, es más de sentarse y trabajar sobre la imagen y estar reflexionando constantemente sobre ello”.

También consideró la utilización del video, como un seguimiento al trabajo con la fotografía, y así desarrolló la idea de hacer escenas subtituladas. A esto sumó el trabajo en pequeño formato, el cual le pareció que dotaba de una “sensación de calidez, como hogareño” a las piezas.

“Y si bien al inicio fue a partir del archivo fotográfico familiar con el paso del tiempo fui empezando a jugar más intencionalmente con las presencias, la presencia del otro siendo constante en la cotidianidad, el fantasma que no es totalmente un fantasma metafísico, la presencia que no es él realmente, es un recuerdo, heredado de la padre, de la madre o de desconocidos”, explicó.

De esta forma llegó a las obras más prominentes de la muestra, en las que las figuras de los protagonistas de la escena están hechas a partir de trazos gruesos, que elimina cualquier detalle y funden a los personajes en una sola masa, como los mismos hábitos que comparten y de los que no se pueden desprender.

Recalcó que aunque su propuesta está anclada en el ámbito hogareño está relacionado con el encierro o los temas derivados de la pandemia de COVID-19 que otros artistas han planteado durante el último año y medio.

“Hay diferentes ramas, una es la de la imagen subtitulada, este acto cotidiano como una escena dramática; otra es la presencia entre los objetos, la carne que sobresale de los objetos cotidianos y también dentro de los sujetos mismos, perdiéndose en el entorno, y ya en el último que he estado trabajando, que es algo más juguetón en ese sentido, parte de imágenes de la cultura popular lo utilizo como dinámica para continuar con el discurso que buscan continuar la presencia del otro”, explicó sobre lo que podremos encontrar en la exposición.

“Es una exposición que me da mucho gusto compartir porque es una evolución de temas que ya había tratado antes, aquí recalcando la construcción del sujeto en el entorno familiar, sigue vigente ese tema, pero vuelvo a trabajarlo desde la pintura, desde lo plástico y eso me genera mucha satisfacción”, concluyó.