Cientos de personas en la bienvenida al sexto obispo de Saltillo.
Desde la Lacandona hasta Saltillo; agradece a 'Paco' el recibimiento: '-Mi trabajo pastoral será generoso'. '-Mami, ¿cuál de los señores es el nuevo?'. Y Vera López dijo: -No voy a recorrer este camino solo, sino con ustedes; vengo a asumir lo que tengan de camino recorrido hacia Cristo, y a procurar acercarlos aún más a Él'.

Ayer en Ramos Arizpe, un gentío cuantificable en titipuchales esperaba afuera de la iglesia San Nicolás de Tolentino desde más de una hora antes de lo programado —y ansiosos— la llegada del hombre que se llama José Raúl Vera López, ése que viene de la Lacandona, de convivir con la gente que lleva siglos de pesar en la mirada, allá del mero rabo de México, del Chiapas golpeteado por los más profundos cánceres de este cuerno de dudosa abundancia. De allá viene nuestro sexto obispo. Vera. Dicen que él verá por pastorear, seguro muy a su estilo entrón, la insoportable levedad de estos industriales norteños del Valle de Saltillo y la reciedumbre y aguante del resto de la grey.

Poco más de ocho centenas de personas lo esperaron ondeando banderitas blancas y amarillas. Ensayaban coros. Y contagiosas las ganas de cantar Niños y ancianos sonrientes. A espaldas, la plaza Zaragoza con muchos puestos de garnachas listas para saciar las barrigas que acudieron sin almuerzo.

"Ahí viene"... Todos se asomaban y no, no venía... Luego de un par de minutos otra vez el "...ahí viene", y otra vez no venía. De pronto se abrió paso la avanzada de Enrique Martínez y Martínez, Gobernador de Coahuila, hada tres cuadras abajo del punto de reunión que es por donde se esperaba a Vera López. Luego lo mismo Monseñor Francisco Villalobos Padilla, y después de aplaudirle, el grueso de la gente se fue tras de él como panal. Es que ahora sí llegaba Vera López.

Raúl Vera asomó su pie del vehículo que lo transportó desde la casa de Adolfo Suárez Rivera, Cardenal de Monterrey, hasta Ramos Arizpe, y de entrada pareció el pie de cualquier hombre. Ahí estaba su pie. Y luego el otro. Entonces estuvo propiamente en el lugar. Fue cuando quedó claro que no es cualquier hombre porque los ojos de los presentes hirvieron en humores de esperanza. Y la atmósfera susurró que si pudiera juntarse la soledad y la esperanza de cada una de esas personas alcanzaría para repartirles un buen pedazo a cada uno de los habitantes de Coahuila. Es que era mucha gente junta, pero cada una de las personas se veía sola. Vera lo supo, por eso inhaló profundamente en cuanto bajó de la camioneta, por eso se pasó la mano por la frente como acomodándose el cabello y portó la bandera de la sonrisa, la sonrisa franca como arma para enfrentar el tumulto que se abalanzó sobre él. Querían tocarlo, querían decirle "...qué bueno que está con nosotros", pero eran cientos y cientos de personas. Entonces el ambiente se enardeció de adrenalina.

A su paso los reunidos dejaron al aire los globos que al contener helio no tuvieron más opción que elevarse. Las trompetas de la banda de guerra gritaron su canto y los tambores se dolieron con un golpeteo gustoso.

Villalobos y Vera se recibieron con un abrazo entre porras, aplausos y gritos de la gente. El coro entonó los cantos recién ensayados.

- Mami, ¿cuál de los dos señores es el nuevo?

En respuesta, la cuestionada le pasó la mano humedecida de soda para acomodarle el cabello al niño, "...tú nomás aplaude".

LOS MENSAJES

Las autoridades religiosas y gubernamentales tomaron un lugar en la mesa del foro. Villalobos, con mano trémula para sostener el micrófono, dirigió un mensaje de bienvenida a Vera, "...Dios quiere que pastorees igual en la selva Lacandona que en el desierto y las zonas áridas, por eso te trajo aquí, seas bienvenido a esta tierra del Señor".

Luego fue el turno del Primer Mandatario de Coahuila, "...lo recibimos con los brazos abiertos porque sabemos que ha trabajado y luchado mucho", también bromeó con Villalobos diciendo que se le recordará por lo largo de sus sermones y por su andar "derechito" por las calles de Saltillo.

Después un representante de la familia Gutiérrez Reyna y el párroco Humberto González dirigieron unas palabras a Vera. Entonces fue el tiempo de escuchar al bienvenido, quien dirigiéndose a Francisco Villalobos como "Paco", le agradeció las molestias que le ha significado preparar todo, "...en el tiempo que he sido obispo, desde Guerrero hasta Chiapas, he aprendido a pensar mucho en México, he visto lo que en nuestro país necesita articularse para evitar el sufrimiento de las zonas pobres y he visto que en muchos casos no somos lo suficientemente hábiles para organizamos. Y yo voy a trabajar en beneficio de esta población". Apenas dijo la sílaba final de su última palabra y el coro inició otro canto, también las porras surgieron imparables.

"La generosidad con la que me reciben es como un primer reclamo para que yo sea generoso en mi trabajo pastoral, ustedes tendieron su corazón a mi paso, muchísimas gracias por recibirme con tanta bondad, mi trabajo estará impulsado por todas las fuerzas que mi corazón pueda tener", expuso Vera.

Casi al mediodía terminó la bienvenida. Vera bajó las escaleras del entarimado despacito. "Yo lo quiero tocar", dijo la viejecita con gruesos lagrimones de contento, pero no podía llegar hasta el religioso, otros más jóvenes y con las mismas ganas lo tenían sitiado entre besos y abrazos luego de limpios jalones y empujones que hubieron de sufrir para llegar a él. La boca en el rostro de Guadalupe Rangel, de 85 años de edad, se curveaba hacia la tristeza por no lograr acercársele. Luego de largos minutos de esfuerzo, doña Lupita exhaló un suspiro gustosa; "Gracias a Dios pude tocarle su santa mano"...

HACIA LA CAPILLA DEL SANTO CRISTO

De Ramos Arizpe toda la comitiva partió a la Capilla del Santo Cristo junto a la catedral de Saltillo para orar y hacer una encomienda del ministerio pastoral Iniciante a Cristo. En el atrio de la Catedral unas monjas vendían bolsas de pan horneado y una parentela de tarahumaras procedentes de Cepacoateno, municipio de Canchi, Chihuahua, preguntaban que dónde podían ver al obispo gracias a José Abraham Batista, jefe de la familia, en un español atropellado pero gustoso, "...venimos desde allá pa mirá lo obispo".

En la ceremonia, presentes sacerdotes, seminaristas, damas y caballeros del Santo Cristo, campesinos y jóvenes dieron "litúrgicamente" la bienvenida a Raúl Vera López ante el Cristo de la Capilla. El párroco Humberto González dirigió unas palabras y luego el propio Vera tomó el micrófono. Tras de él, la flamita de los cirios bailaba una danza. A la par, una vibra, una gana llenaba el ambiente. "Estoy entrando en este momento a mi labor pastoral y a la luz de la Palabra de Dios por la única puerta que es Dios. Sin la crucifixión de mí mismo al servicio de los demás no tendría nada que hacer aquí".

Afuera, corros y porras de toda la comunidad que no pudo entrar a la capilla. "No voy a correr este camino solo, sino con ustedes, vengo a asumir lo que tengan de camino recorrido hacia Cristo y a procurar acercarlos aún más", manifestó el sexto obispo.

Villalobos le entregó la mitra episcopal, a la vez otros dos religiosos le obsequiaron una insignia sacerdotal y un reloj. Llegó el tiempo de arrodillarse en oración y se hizo el silencio, pero afuera los cantos servían de fondo musical para el momento. Luego de un aplauso final se dio por terminada la breve celebración y Villalobos inició la salida a paso rápido, tras de él, Vera también salía, pero tranquilamente, dándose tiempo para saludar a los feligreses reunidos. Fue cuando empezó el apretujadero.

PERCANCES

Todos querían salir del recinto religioso a la vez que Vera, una mano de alguien y una espalda de otro, un pisotón y unas ganas de ser ultra delgado para escapar del momento ensardinado en que se revolvió la comunidad. El atrio pareció como embarrado de una masa humana que no podía moverse por la misma estrechez de unos con otros, los Caballeros del Santo Cristo formaron una valla humana para custodiar al obispo Vera y así lograron conducirlo hasta el que será su domicilio particular en el número 214 de la calle Hidalgo. La calle no daba abasto para el tumulto de medios de comunicación y feligreses, Vera no dejó de regalar una sonrisa, pero sus ojos pedían al cielo ya salir de la persecución.

Y el atropellamiento entre las personas, incluso la discusión a palabras, algunas altisonantes. Una viejita cayó al piso con todo y su bastón. Los ánimos en tomo al hogar del religioso estaban exaltados, al extremo de impedir la libertad del obispo para entrar a su propia casa. Qué difícil le fue a Vera López cruzar la puerta hacia su privacidad. Luego que entró, un sacerdote se asomó para avisar al gentío empeñado en verlo y hablarle que su próxima salida sería a las cuatro de la tarde hada el lienzo charro de Saltillo, y antes de volver a cerrar la puerta instó: '"tengan respeto".

Así, los eventos más destacados de una localidad pueden colorearse con Tintes de incomodidad, riesgo, desorganización y algo parecido a la ausencia de respeto, pero el nuevo obispo ya está en Saltillo, y sus ganas de trabajar son más grandes que los detalles que detrimentaron su bienvenida.

Los feligreses deseaban acercarse al religioso movidos por la fe.