Flores. De las primeras acciones del alcalde de Saltillo, el “Cowboy urbano”, Manolo Jiménez, al tomar posesión de su puesto en su primer año de gestión, fue plantar flores en la casa de los saltillenses: la Presidencia Municipal. Flores. Geranios, pero también, algunos rosales. Los geranios son las plantas las cuales soportan más nuestro clima siempre hostil. Los rosales son bellos, pero son débiles y necesitan hartos cuidados. Aún así, he visto su floración: semejan un dios de filigrana de terciopelo rojo. Amén de flores, la Presidencia de Saltillo inmediatamente mereció atención, como buena musa la cual es como toda la ciudad: sus muros fueron limpiados, pintados todos sus alrededores, se colocaron baldosas donde éstas estaban quebradas y lastimadas; todo fue remozado, los arbustos ya crecidos, fueron podados poco a poco para que aflorasen formas de anímales fantásticos o de formas soñadas por el jardinero en turno.

La casa de todos los saltillenses entregada por el panista y creso empresario, Chilote López Villarreal, era un desastre de inmundicia en sus alrededores, todo era un derrumbe perpetuo: a él y su equipo no les importaba la ciudad, en su momento lo documenté con suficiente tiempo y forma en los diversos espacio periodísticos a los cuales tengo acceso y hacen favor de editar mis textos. El tiempo me dio la razón. Hoy, la Auditoría Superior del Estado ha interpuesto denuncias, una tras otra, ante la Fiscalía General de Coahuila, en contra del ejercicio de gobierno del entonces alcalde Isidro López y sus instituciones paramunicipales (entre 2014 y 2017, gestión del panista, suman más de 660.2 millones de pesos en irregularidades y presuntos actos de corrupción. Las paramunicipales como el DIF, el Instituto Municipal de Cultura, Dirección de Pensiones y otras, generaron mil 152.6 millones de pesos en observaciones las cuales no han sido aclaradas, según último reporte del 13 de enero). Así recibió la casa Manolo Jiménez.

¿Qué hacer? Pues lo correcto. Limpiar la vivienda, remodelarla, sembrar flores. Ya luego vinieron los avances, los planes, las inversiones, dotar de infraestructura a la ciudad, el tocar obsesivamente puertas cerradas y abrirlas para el mejoramiento de Saltillo en todos los aspectos. Y se está logrando. Las flores son entonces una metáfora, una buena metáfora y símbolo de la vanguardia y liderazgo de un joven alcalde el cual ve hacia el futuro donde no se riñe la imagen (forma) con la estructura (fondo). Avanzamos. En Saltillo, como en todo Coahuila, el equívoco adquirió categoría de verdad hace mucho tiempo debido a nuestra ignorancia primigenia: saber de historia o tener cultura es para un 99 por ciento de la población, asistir a un Museo para contemplar colgados de una alcayata los polvosos calzones de don Venustiano.

ESQUINA-BAJAN

Del equívoco nadie se libra: la historia es cosa muerta, no viva; es cosa juzgada, jamás estudiada. Aquí, la historia es una recopilación de fechas petrificadas y fosilizadas; es decir, es crónica a lo mucho, jamás historia. En Coahuila, la historia y la cultura se reducen a contemplar un monto de escombros y de ruinas; el admirarlas y saber exactamente el año en que se derrumbaron. Esto conduce primero al reconocimiento, luego, a un puesto en materia cultural de por vida. Con singular alegría y destreza no exenta de una fina burla, lo ha dejado por escrito el narrador Juan Villoro en un libro disfrutable, “Palmeras de la Brisa Rápida”, Villoro escribe: “Ciertos calificativos cuestan más trabajo que otros. Para que una ciudad mexicana sea ‘heroica’ tiene que haber sufrido al menos una flagrante derrota ante las armas extranjeras; para que sea ‘hermosa’, basta que el centro y las diez calles que la circunden sean estilo colonial...”.

Lo anterior viene a cuento para contextualizar la falsa polémica (no es cultura, es cosa política alimentada por Chilote López Villarreal y los panistas, los cuales de cultura saben lo que yo sé de astronomía: nada. Sólo hace falta recordar cuando Manuel López Villarreal en su gestión, “remodeló” el Teatro García Carrillo. Quitó el piso lastimado y mandó ponerle… vitropiso. Puf. Nadie lo recuerda. Hoy dos exfuncionarios de la administración panista, son los “líderes” de 14 a 18 amiguitos en red los cuales “protestan”) la cual he seguido por morbo y diversión: se busca defender un puño de tierra y detener un proyecto cultural y arquitectónico de poco más de 20 millones de pesos en su primera tapa. El “Centro Cultural Mirador” será ahora sí, un mirador panorámico, explanada, observatorio, museo de sitio, sala de conferencias y una torre de 20 metros de altura. En una segunda etapa, tendrá una iluminación artística (sí, como mi Cerro de la Bufa en Zacatecas).

El historiador Javier Villarreal Lozano (sin duda, máxima autoridad) en su texto titulado “Detonante”, puso el dedo en la llaga (Columna “Libreta de apuntes” en un diario local, 20 de enero): “El fortín de los americanos, construido por los norteamericanos durante la invasión a nuestro país… era una letrina maloliente. Del fortín quedaban dos o tres muros… en el lugar no se registró ninguna batalla durante la invasión”. ¿Así o más claro? Contra el rigor no hay defensa. Extraña que el académico Carlos Recio esté prestando su nombre para ser manipulado por los panistas en el disiparte (¿su corazón es azul, ya se afilió?): defender un puño de tierra y a punto de hundirse y desaparecer (“Se hunde el mirador de Saltillo”, nota de VANGUARDIA del 21/09/2018) y frenar la infraestructura turística y cultural. 

LETRAS MINÚSCULAS

El PAN y el Grupo Industrial Saltillo, y como siempre, buscan el retroceso de Saltillo y Coahuila y mantener adocenada a su fiel población de obreros, empleados y esclavos. Regresaré al tema recargado. Recargado.