Hace 40 años la Voyager salió al espacio con un mensaje de la humanidad para el Cosmos, en 1990 la sonda giró y tomó una mítica fotografía de la Tierra que inspiró a Carl Sagan

 


Hoy se cumplen 40 años de aquel 5 de septiembre de 1977 cuando la NASA lanzó al espacio la sonda Voyager. Equipada con 10 instrumentos de medición científica, su misión inicial fue explorar Júpiter y Saturno, sus lunas, anillos y campos magnéticos.

Pero, por si acaso encontraba a su paso cualquier forma de vida extraterrestre, le fue instalado un disco grabado en oro que contiene una especie de cápsula del tiempo con el lenguaje universal: la ciencia. Su contenido fue seleccionado por un comité que presidió el astrofísico Carl Sagan. En el disco están grabados dos átomos de hidrógeno –una unidad de tiempo universal– un mapa con nuestro código postal en el Cosmos, así como los “Sonidos de la Tierra”, una selección de música de Bach, Mozart, Beethoven; pasando por el recién fallecido precursor del rock Chuck Berry, con “Johnny Be Good”; y Lorenzo Barcelata, de México, con “El Cascabel”; además de sonidos, imágenes y un mensaje de paz en 55 lenguajes.

La Voyager I es el primer objeto humano en salir del sistema solar para adentrarse al espacio interestelar. Ha viajado durante 40 años a una velocidad de 62 mil 500 kilómetros por hora y hoy se encuentra a una distancia de la Tierra de 21 mil millones de kilómetros, apenas 19 horas con 20 segundos de un año luz, nuestra real perspectiva de las distancias cósmicas.

Un momento memorable de la Voyager I sucedió cuando pasaba por Neptuno, era el año de 1990 y, a insistencia de Carl Sagan, la sonda giró 180 grados para tomar la fotografía de un lejano y apenas perceptible “punto azul pálido”: era la Tierra. Esto inspiró al astrofísico a escribir su libro “Un Punto Azul Pálido: Una Visión del Futuro Humano en el Espacio”. Del libro, les comparto la visión de Sagan respecto al real significado de esa ocasión histórica: “Eso es aquí, ese es nuestro hogar, eso somos nosotros. En él todos a quienes amamos, todos a quienes conocemos, todo sobre quien alguna vez escucharon, todos los seres humanos que alguna vez existieron y vivieron sus vidas. La suma de nuestra alegría y nuestro sufrimiento. Miles de religiones, ideologías y doctrinas económicas confiadas. Todos los cazadores y recolectores, todos los héroes y los cobardes, todos los creadores y los destructores de la civilización. Todos los reyes y los campesinos, todas las parejas jóvenes enamoradas, todas las madres y los padres, todos los niños. Inventores y exploradores esperanzados. Todos los maestros de moral, todos los políticos corruptos, todas las superestrellas, todos los líderes supremos, todos los santos y los pecadores de la historia de nuestra especie vivieron aquí, en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol. 

“La Tierra es un escenario muy pequeño en una arena cósmica vasta. Piensen en los ríos de sangre derramados por todos esos generales y emperadores para poder convertirse en amos temporales de una fracción de un punto, llenos de gloria y de triunfo. Piensen en esas crueldades interminables infligidas por los habitantes de un rincón de este pixel en estos habitantes apenas distinguibles en algún otro rincón. Cuan frecuentes eran sus malentendidos, cuan ansiosos estaban por matarse unos a otros. Cuan fervientes eran sus odios. Nuestros actos de intimidación, nuestra autoimportancia imaginada, la ilusión de que tenemos una posición privilegiada en el universo se ven confrontadas por este punto de luz tenue. Nuestro planeta es un punto solitario en la oscuridad vasta y envolvente del cosmos. En nuestra oscuridad, en toda esta vastedad, no hay indicios de que recibiremos ayuda de otro lugar para salvarnos de nosotros mismos. La Tierra es el único mundo conocido que alberga vida hasta ahora. No hay otro lugar, al menos no en el futuro cercano hacia donde nuestra especie pudiera migrar. Visitar, sí, pero asentarse, aún no. Nos guste o no, por el momento la Tierra es donde debemos defendernos.

“Se ha dicho que la astronomía es una experiencia que enseña humildad y forja el carácter. Quizás no haya mejor muestra de la insensatez de la arrogancia humana que esta imagen distante. Para mí, enfatiza nuestra responsabilidad para tratarnos más amablemente unos a otros, y para preservar y amar ese punto azul pálido, el único hogar que jamás conocimos”.

@marcosduranf