Se irán juntando personas en creciente multitud abigarrada.

No será una clase social, ni un solo partido, no será sólo juventud ni sólo adultez. 

No será conglomerado, sólo femenino o con alguna nota de homogeneidad. Será presencia ciudadana en total heterogeneidad. Se formará una comunidad manifestante verdaderamente representativa de la ciudad y de ciudades del territorio estatal.

Por pancartas y clamores se irá captando un mismo reclamo, una misma exigencia, una confluencia en el mismo objetivo: no tolerar nada indigno. No aceptar ninguna decisión que no tome en cuenta todo lo denunciado, sin rebajas ni omisiones. Será gente que ha dado un mandato con su libre sufragio y no quiere tolerar nada contrario a su fuerza electoral mayoritaria. No admite anomalías ni omisiones. Serán los que votaron. 

No se trata sólo de un porcentaje de exceso en gastos que debiera ser calculado con criterios imparciales. También recuerdan irregularidades graves como la coacción al voto, el hurto de urnas, la violación de sellos, la manipulación de material electoral, la suplantación de funcionarios, la instalación irregular de casillas, el desvío de recursos públicos, las irregularidades en el traslado de material electoral, la publicidad en plena campaña y las irregularidades en el proceso.

Habrá porras, arengas, cartelones y clamores unánimes frente a locales tribunalicios. “Han llevado todo con lentitud y aplazamientos, sin la agilidad necesaria”, comentaba ayer un reportero que planeaba su asistencia.

La madurez cívica de la ciudadanía coahuilense ya tuvo una expresión anterior de gran presencia y participación. Había síntomas iniciales que fueron un detonador para esa explosión de protesta con ecos internacionales.

Por el bien de todos, se reclama un dictamen que no dé luz verde a nada fraudulento para que el pueblo mandante pueda elegir limpiamente a sus mandatarios…