Ilustración: Alejandro Medina

Murió por COVID alguien excepcional. Lo respeté y admiré. Juan Gamboa, campesino del ejido Jalpa, General Cepeda, me envió pequeños textos que ampliaron mi aprecio por el difunto. Le llamábamos Aldape. Hasta que murió supe su nombre: Juan Francisco Rodríguez Aldape, saltillense. Si se toman en cuenta las acciones que emprendió en organizaciones populares a las que acompañó puedo afirmar que su entrega a los demás no tiene equivalente; no al menos de alguien a quien conozca. Hay personas que llenan un espacio social: él llenó varios.

Agrónomo de la Narro. Sintió la obligación moral de ponerse al servicio de los campesinos. Profesor del Colegio San José, hizo una magnífica tarea con sus alumnos. Trabajó en el Instituto Nacional de Educación de Adultos. Dedicaba sus vacaciones a ampliar su labor, lo que lo llevó a promover y crear, con otras personas, el Centro de Educación en Apoyo a la Producción y el Medio Ambiente, que tuvo una labor importante en Parras, Saltillo, Monterrey y Jiménez (Chihuahua). El de Parras ha sido el más destacado por su compromiso con los ejidos y su lucha contra la injusticia.

Excelente alfabetizador de adultos, no se conformó con que aprendieran a leer y escribir sino a pensar, pelear por sus derechos, idear formas de superación y exigir resultados a las instituciones. Eso lo condujo a Jiménez, donde creó una corporación de barriadas populares. Floreció la organización de mujeres que se ocupaban en resolver cada problema. El día que murió Aldape celebraron una asamblea en la que manifestaron sus deudas con él.

Realizó un buen trabajo en la Universidad de Monterrey guiando a los alumnos a redactar sus tesis que, por supuesto, debían versar sobre inconvenientes de barrios pobres y asociaciones civiles. Menciono su aporte a Radio Imagina, operada por George González y María Medellín. 

¿De dónde sacó tiempo para todo? Sencillo: no descansaba, era disciplinado, su entrega a los desprotegidos era total. Esto no le impidió impulsar proyectos con gente rica, como es el caso de la universidad mencionada o de empresarios de Jiménez que aportaron dinero para favorecer causas populares.

Realizó trabajo en la Normal de la Laguna. Ayudó a Belén Casa del Migrante. Se comprometió con la organización de las Familias por Nuestros Desaparecidos en Coahuila. Es increíble que en una vida relativamente corta haya podido influir en tantas personas y comunidades siempre orientadas a mejorar las condiciones de vida y luchar contra quienes lo impedían.

Transcribo extractos de las cartas de Juan Gamboa. “Hola, esta información de Aldape para Carlos, ojalá le sirva. Lo conocí en Jalpa a principios de los ochenta, estaba en Parras trabajando en el INEA junto con Rosario Segovia, José Luis Álvarez, Angélica Rodríguez Lizcano y Nestora, Lupita y Güicho Macías. Habían trabajado con Usabiaga en la formación de comunidades en barrios marginados. En ese tiempo me incorporo al grupo y estoy en la formación del Consejo de Educación y después en la formación del CEP Parras. Aldape trabajaba en comunidades de Parras y General Cepeda en alfabetización y apoyando organizaciones de producción. Luego formamos la red norte de comunicación con maestros de La Laguna y Monterrey. En Torreón apoyó trabajo de organización y educación popular en colonias y barrios marginados con la Normal Superior de Gómez Palacio. Participó en redes a nivel de Latino-América”.

“Hola, raza del rancho, con tristeza amanecimos con la mala noticia de la muerte de un amigo de siempre, Juan Francisco Rodríguez Aldape. Cuando lo encontré por primera vez iba cargando una pila de libros llegando a Jalpa después de caminar kilómetros. Esa noche platicamos de la marginación de los pueblos y sus causas. Platicamos de marxismo, de Cuba, del Che, de Chabela Vargas, Pablo Milanés y Amparo Ochoa. Éramos muy jóvenes; coincidimos que era necesaria una revolución. Tenemos razones, tenemos por qué pelear, tenemos las manos duras, tenemos con qué ganar. Desde ese día hasta ahora estuvimos comunicados, siempre supimos dónde y en qué andaba cada quien. Cuarenta años compartiendo sueños en este desierto donde no sucede nada”. Juan remata: “Destaca su no protagonismo, siempre discreto y en la sombra”.