Lo que muestra la grabación difundida ayer dista mucho de constituir un modelo policial deseable para ninguna ciudad

Ayer comenzó a circular en redes sociales un video que muestra, en cuatro minutos y medio, una realidad que no deseamos para nuestra ciudad: la actuación de un cuerpo de policía cuya herramienta de actuación más evidente es el uso indiscriminado –e injustificado– de la fuerza, incluida la fuerza letal.

Las versiones que circularon anoche señalaban que las imágenes corresponderían a hechos ocurridos el 25 de octubre pasado, cuando la Policía Municipal de Saltillo acudió a contener una riña entre vecinos de la Colonia “El Tanquecito” –ubicada en el extremo poniente de la mancha urbana– lo cual habría derivado en un enfrentamiento entre vecinos y uniformados.

Con independencia de si el video corresponde a tales hechos, las imágenes que contiene hablan por sí solas y retratan el riesgo que para los ciudadanos implica que al menos ciertos elementos policiales porten un arma de fuego, pues claramente no cuentan con el entrenamiento para ello.

Múltiples son las observaciones que de los cuatro y medio minutos de imágenes pueden hacerse:

La primera de ellas tiene que ver con el hecho de que uno de los uniformados, ante un aparente acto amenazante de un vecino del lugar –que claramente está desarmado– desenfunda su pistola y corta cartucho para, apenas cuatro segundos después, disparar al aire.

La segunda es que ese primer disparo desata el caos y otros elementos también desenfundan para disparar sus armas, dejando clara la inexistencia de un protocolo de actuación ni la presencia de un mando que coordine su actividad a fin de cumplir la que es su responsabilidad fundamental: imponer el orden.

El tercer y más infortunado detalle es el hecho de que, hacia el final de la secuencia, aparece un cuerpo tirado en la banqueta, semidesnudo y, todo hace indicar, con un impacto en la cabeza. El cuerpo se muestra en escena justo en el momento en que los policías se retiran del lugar.

¿No se percataron los elementos –que son un número importante– de la existencia de una víctima en el lugar? ¿Consideraron más importante ponerse a resguardo ellos mismos antes que prestarle auxilio a una persona que aún podría estar con vida? ¿Hicieron algún intento por contactar a los cuerpos de socorro para que le prestaran auxilio?

Paradójicamente, la difusión de este video coincide con la fecha en la cual la administración de Saltillo institucionalizó la “Comisaría de Seguridad y Protección Ciudadana en Saltillo”, señalándola como “un modelo” a ser replicado en otras ciudades.

Lo que muestra el video difundido ayer dista mucho de constituir un modelo deseable para ninguna ciudad, porque lo que evidencia es la ausencia de capacitación de la policía en el aspecto más importante de su abanico de herramientas: el uso de la fuerza.

Habrá que esperar a que las autoridades municipales y estatales fijen postura sobre el asunto, pero cabría esperar también que no se intente maquillar una realidad que ha sido retratada con toda crudeza gracias a la omnipresencia de las cámaras de video.