1 Transparente, brillante y plena de licor, la botella de vidrio es un arma de fuego; así luce en una tienda del aeropuerto de Veracruz. Detrás de esa forma desenfundada, similar a un arma calibre 22, una hilera de botellas iguales espera por sus compradores en cajas, donde la transparencia enmarca el contenido.

2 Una mujer en Instagram tiene millones de seguidores. Un hombre me mostró ese perfil, y por lo que parece, es sumamente sensual ver sus curvas turgentes, embebidas en ropas ajustadas, mientras acciona armas de gran poder sin que su delicada figura caiga hacia atrás al jalar el gatillo. 

3 Se elimina, se mata o se acaba lo que no se entiende, lo que no se tolera. También, se borra de un golpe de fuego lo que duele, lo que juzga, lo que escandaliza, lo que señala, lo que ignora. O se mata al silencio y la indiferencia.

4 La ausencia del padre es una herida innegable. Y el esquema laboral o el desentendimiento de un rol que está socializado como una tarea femenina, a veces suma a esta condición. ¿Qué hacen las hijas y los hijos con esa ausencia?

5 ¿Somos lo que elegimos seleccionar de nuestras condiciones de vida? ¿Somos lo que vemos y lo que leemos (leer en una concepción amplia, no solo libresca)? ¿Somos lo que construimos con eso que vemos, leemos y conocemos? ¿O qué es lo que somos? 

6 Cuántos niños asesinados y violentados por sus padres, por sus familiares o por seres cercanos a la familia. Y cuánto silencio alrededor de estos hechos que si acaso pasan como nota roja y duermen sus expedientes el sueño de los injustos. ¿Acaso el tiroteo de Torreón, que sí mereció una veloz pero desafortunada declaración, abrirá un análisis a las condiciones de vida en un estado donde la escalada de violencia es innegable?

7 Los hijos van resolviendo las ausencias de los padres. Algunos tienen la fuerza para trascenderlas en este huracán desatado que es la sociedad de consumo con sus modelos inalcanzables de convivencia, belleza y felicidad. Otros cojean en su interior como niños heridos toda la vida que ya se apagan, ya se vuelven odio, ya se quedan solos. 

8 Si no revolotean los listos que propongan talleres con elevado precio para decir qué hacer en estos casos de violencia, podremos dar algo de aire a este modelo de convivencia familiar, social y laboral que huele mal. Nos queda por lo pronto el de veras escuchar, el volver al humano mundo de comprender las diferencias, de abrazar el dolor de los más cercanos y ayudar a amortiguarlo en algo, al menos, con nuestra presencia.

 

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