Entre los múltiples objetos legados al Casino de Saltillo a lo largo de sus 147 años de existencia se encuentra un curioso cuadro, único en México. La escena relata un pasaje histórico en relación al triunfo de la República sobre el Imperio de Maximiliano en 1867, y se refiere al tema de la prisión del emperador y sus generales después del Sitio de Querétaro, entre ellos el príncipe de Salm-Salm, y el posterior fusilamiento de Maximiliano, Miramón y Mejía en el Cerro de las Campanas.

El valor del cuadro conservado en ese centro social saltillense reside no sólo en el pasaje histórico que retrata, sino en la relación que guarda con una amplia polémica provocada por una pintura monumental exhibida en diciembre de 1873 en la XVII Exposición de la Escuela Nacional de Bellas Artes, ocurrida apenas seis años después de la caída del Segundo Imperio Mexicano. El tema plasmado en esa pintura desató una extensa discusión en la prensa de 1874. Críticos de arte cuestionaron su valor artístico, y políticos y personajes retratados en la obra discutieron su fidelidad histórica. Desafortunadamente, su autor plasmó en el lienzo a protagonistas todavía con vida y aún sin sancionar por la historia en una escena delicada para las relaciones internacionales de México con Europa. La obra no fue premiada ni comprada en la exposición y seguramente regresó al taller del pintor. Se sabe de un intento del gobierno por adquirirla. A partir de ahí, el cuadro desaparece. Nadie sabe su destino. En cuanto al tema, fue enterrado por los pintores.

La pintura llevaba el título “La denegación del perdón a Maximiliano” y su autor Manuel Ocaranza, pintor michoacano, fallecido a los 41 años de edad. Dos años se tardó en pintar el óleo de 3.57 metros de alto por 2.62 de ancho, y lo describió así en el catálogo de la Exposición: “Es la noche del 18 de junio de 1867. La princesa de Salm Salm y la señora Miramón se presentan en el Palacio de Gobierno de San Luis Potosí implorando el perdón para los prisioneros de Querétaro que deben ser ejecutados en la mañana siguiente. Se ve en el salón a los señores ministros Iglesias y Mejía, así como a los defensores de Maximiliano, los señores Riva Palacio y Martínez de la Torre. El ministro Lerdo entra en esos momentos. El presidente Juárez niega definitivamente el indulto”.

El ruego de Agnes, princesa de Salm-Salm, no logró el perdón para Maximiliano ni sus generales, pero sí el perdón para su esposo, un noble alemán que vino a combatir al lado de las tropas francesas, y fue inmediatamente deportado a su país. Bien conocida es la respuesta de Juárez en referencia al emperador: “Señora, me causa verdadero dolor el verla a usted de rodillas. Mas, aunque todos los reyes y todas las reinas estuviesen en vuestro lugar, no podría perdonarle la vida: no soy yo quien se la quitó; son el pueblo y la ley los que piden su muerte”.

El cuadro conservado por el Casino de Saltillo es una litografía anónima repintada en óleo, copia de la pintura de Ocaranza, y constituye una de las tres únicas huellas del polémico lienzo “La denegación del perdón a Maximiliano”. Las otras son una pequeña fotografía de un bosquejo del artista, en el archivo de la Biblioteca Benson de Texas, que perteneció a Manuel Toussaint a quien el gobierno mexicano pidió opinión cuando tuvo intención de comprar la obra, y otra que guarda el Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM en su archivo fotográfico.

La obra del Casino de Saltillo sí tiene historia. La acompaña una placa con la inscripción: “El veterano General C. Mariano Ruiz dedica el presente cuadro histórico a la culta sociedad y honorables socios del Casino de Saltillo como testimonio de su alta estimación y respeto. México, junio 15 1932”. El general Ruiz era michoacano, combatió a los franceses en Puebla y posteriormente participó en la defensa de San Pedro de las Colonias durante la Revolución.