Hay muchas ollas en la lumbre del Gobierno federal. Como hay casos graves y complicados, hay distractores. O bien, los casos graves y ampulosos, le están ganando la atención y foco a lo importante. Y lo importante es lo que a usted y a mí nos afecta en nuestro entorno vital. Y esta afectación es brutal al día de hoy, sí, pero siempre hay cosas peores y ese viento adverso se puede convertir en un vendaval, una tormenta la cual nos arrastraría al final. ¿Soy alarmista y tremendista? Léame por favor, tome usted lo que considere pertinente de esta radiografía y lo demás deséchelo como bagazo.

Andrés Manuel López Obrador, presidente de Morena, es un mago. Un manipulador, el saltimbanqui principal del circo en que ha convertido a México. El problema de la inseguridad es avasallante. Su política de “abrazos y no balazos” desde su gestación, ha sido un fiasco, un distractor. Simplemente no hay planes ni políticas serias al respecto. Se intuye y lo dice todo mundo, de una especie de “pacto” no firmado entre AMLO y los grandes cárteles de la droga nacional con líneas ya internacionales de influencia. El gobierno federal no los molesta. Pero si tuvo que buscarse un “enemigo público número uno” para legitimar sus escasos esfuerzos en materia tan delicada como lo es la inseguridad nacional. Fue cuando se “creó” casi de la nada, a un delincuente de poca monta, un bandido de barrio, José Antonio Yépez, apodado “El Marro”. Con una influencia muy regional, su “Cártel de Santa Rosa de Lima” ha servido de distractor.

El errático Secretario de Seguridad Pública, Arturo Durazo, en días pasados de plano dijo: “no tienen para pagar la nómina”. De ser cierta su aseveración, eso habla del escaso nivel de preparación, operatividad, inteligencia y radio de acción de un grupo criminal sólo focalizado en algunos municipios de Guanajuato. Y si usted lo recuerda, ante un gran operativo federal, se detuvo a miembros de su familia (mamá y hermanas), los cuales en teoría, eran los “cerebros financieros” del cártel. Días después, todos fueron liberados. Todos. Nadie, nadie está en prisión. Insisto, el gobierno federal se creó a este “enemigo público” número uno, muy a modo, pero ni a él, con todas su carencias y debilidades, lo han doblegado.

Otra cosa es el poderoso Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG, su líder es Nemesio Oseguera Cervantes. Y este Cártel le mandó un recado al tal “Marro” al cual le dicen “mugroso”, así las cosas con el “enemigo letal” del Gobierno federal, es decir, una caricatura de poca monta). Este cártel se promueve ampliamente en la red de redes y nadie, nadie los para ni molesta. Y cuando esto sucede, pues sacan su arsenal y nos les tiembla la mano para jalar gatillos a diestra y siniestra. Uno de los últimos enfrentamientos fue en Michoacán en contra de la Guardia Nacional. Y la violencia tiene un costo (amén claro, el insoslayable de vidas humanas arrebatadas, sean delincuentes o no. Todos son humanos) económico y brutal.

ESQUINA-BAJAN

El Instituto para la Economía y la Paz (IEP, con sede en Australia. Lo cual lo hace totalmente independiente en su balance y análisis con respecto a México y sus vaivenes políticos) alerta de las siguientes cifras de miedo y escándalo: más de 20 billones de pesos es el costo de la violencia en México en el último lustro. Detalla en su estudio la operación de 42 organizaciones criminales (los grandes capos han desaparecido y se han “balcanizado” en grupos por todo el país) y la muerte de más de 175 mil personas durante los últimos 13 años. El investigador Carlos Juárez, director del IEP en México, dijo tajante: “la crisis en México se llama crisis de homicidios.”

Las ollas bajo presión se acumulan en la estufa del gobierno federal. Ellos mismos atizan el fogón. AMLO y su séquito de claques lo hacen y lo hacen bien: polarizan a una población ya de por sí polarizada y harta por el pésimo manejo de la crisis sanitaria. Los estudios de instituciones serias de nivel mundial lo advierten claramente: para noviembre, México estaría ya en el rango de los 100 mil muertos por motivos de la mordedura del bicho. Cuando usted lo sabe, AMLO y san Hugo López-Gatell en su predicción de su modelo centinela (una broma, pues), cuando inició la pandemia, hablaban alegremente de la muerte de 8 mil mexicanos. No más (25 de abril).

Resumen y datos: para noviembre/diciembre, bajita la mano y la estadística, habrá ya 100 mil muertos por el COVID-19. Agregue usted los decesos por males crónicos en el país: alrededor de 150 mil muertos por enfermedades cardiovasculares, 100 mil por diabetes, 50 mil por enfermedades pulmonares y claro, alrededor de 36 mil muertes derivadas directamente por el narco (los meses y el año completo de AMLO en el poder, han sido los más letales en la historia). Somos un país de cruces, un enorme y lánguido cementerio. ¿Un buen negocio? Poner una funeraria. Sin duda. El país entonces, camina hacia el despeñadero. No hay orden ni concierto, mucho menos planes. 

Por eso es importante, hoy más que nunca, su voto. Su importante voto en las urnas señor lector. Se avizoran las elecciones para renovar el Congreso local. Y el próximo año se renovarán los diputados federales. Y este Congreso, tanto local como federal, son los necesarios contrapesos en contra del poder avasallante y dictatorial de Andrés Manuel López Obrador. Usted y nadie más tiene en su voto, el poder de cambiar las cosas y equilibrar el poder e incienso que se hace quemar diariamente. Es entonces momento de analizar la coyuntura local y a los participantes como Miguel Ángel Riquelme, Manolo Jiménez, Emilio de Hoyos, José María Morales, Reyes Flores Hurtado, Armando Guadiana, Silvia Garza, Edna Dávalos, Álvaro Moreira…

LETRAS MINÚSCULAS

Usted puede cambiar las cosas señor lector. Con su voto en la urna.