Los mexicanos sabemos de la destrucción de la selva chiapaneca, de los bosques en Chihuahua y de la muerte de nuestros ríos y no salimos a protestar por la devastación ecológica. Sabemos de la escandalosa corrupción del gobierno anterior y se empiezan a descubrir las atroces corruptelas de la actual administración y las marchas callejeras tampoco se producen. El año pasado fueron asesinados 36 mil mexicanos en las calles, pueblos, plazas y ciudades del País, sin embargo, del hartazgo popular no existen mayores evidencias, salvo lo que se pueden leer en las redes sociales y en algunos medios de difusión masiva. A los mexicanos solo nos preocupa lo que acontece de la puerta del zaguán para adentro.

Si bien no nos caracterizamos por nuestra capacidad de protesta, también es cierto que cuando nos hemos hartado, nos matamos entre nosotros, como ocurrió en la Revolución, donde se perdieron cientos de miles de vidas.

En nuestros días ha surgido finalmente un movimiento feminista orientado a preservar la vida, la salud, la integridad física y los derechos de las mujeres. Asistiremos a una protesta masiva, sin precedentes en nuestro País, integrada únicamente por mujeres. ¡Cómo me hubiera gustado haber podido asistir, por lo menos 30 años atrás, a una marcha callejera integrada solo por hombres, para denunciar las agresiones físicas y de cualquier naturaleza contra una de las partes más sensibles e importantes de la familia mexicana!

Claro que desde la presidencia de la República, así como desde diversos gobiernos morenistas, tratarán de sabotear esta histórica marcha femenina con el pretexto de que el coronavirus podría infectar a varias de las manifestantes. Ya veremos hasta qué punto resulta un éxito la manifestación del 8 de marzo, todo dependerá del grado de información médica de las participantes. Sobran explicaciones clínicas, accesibles para entender la extensión del fenómeno. Imposible ignorar que harán lo posible por manipular la marcha para desprestigiar el poder femenino. ¿También las llamará “pirruris”?

Los mexicanos, sin distinciones de sexo, religión, profesión o posición social, estamos obligados a guardar un escrupuloso silencio cuando se hable de derechos humanos. ¡Nadie, por elemental vergüenza, puede atreverse a tomar la palabra en ese sentido! Nos corresponde sonrojarnos, bajar la mirada y callar, desde que hemos ignorado el asesinato de miles de mujeres sin que hasta ahora se haya presentado una poderosa protesta nacional. ¿La nación? ¿Dónde está la nación? ¿Ese fantasma que nunca ha existido, salvo cuando ha sido menester arreglar nuestras diferencias a balazos?

Las asesinadas, ¿no son mujeres mexicanas, nuestras compatriotas? Y sin embargo, respondemos al calvario sufrido por ellas como si se tratara de crímenes cometidos en el lejano Bronx. ¿Y AMLO? ¡La solución de este escandaloso asunto nos corresponde a todos los mexicanos! ¡A ti, a mí, a usted, a todos y a todas!

AMLO tendría que haber sido el primero en sacudir por las solapas a esta sociedad anestesiada encabezando marchas silenciosas, fúnebres y multitudinarias, creando conciencia, llamando a la suma de esfuerzos, haciéndose partícipe del luto nacional, arrebatando todas las banderas y poniéndose al frente de las manifestaciones, ayudado por representantes de la prensa nacional, por diputados y senadores, empresarios, amas de casa, estudiantes, jueces, líderes religiosos de todas las iglesias y templos, maestros, obreros, campesinos, escritores, artistas, investigadores de cualquier materia, profesionales, técnicos y expertos de todas las áreas del saber humano. En síntesis, por el pueblo agraviado, su pueblo. Se trata de la vida, sólo de la vida.

AMLO no sacudirá por las solapas a la nación ni encabezará marchas porque no consiente que le arrebaten las banderas. Manipulará el movimiento femenino para aniquilarlo y mostrar el fracaso como otra mentira conservadora tramada para dañar su gobierno. México despierta, deja de ser una sociedad anestesiada. Ningún mexicano puede dormir en paz hasta no ver a los criminales atrás de las rejas. Así nuestras mujeres recuperarán la paz y nosotros la dignidad.

Francisco Martín Moreno

Columna: Cuentos políticos

Francisco Martín Moreno es un escritor, novelista, articulista y conferencista mexicano. Realizó sus estudios en el Colegio Alemán Alexander von Humboldt, cursó la licenciatura en Derecho y obtuvo un doctorado en la Academia Mexicana de Derecho.