Es 7 de junio de 2019. Lentamente saco y desempolvo mi traje de Juan Escutia -utilizado en 6º de primaria- pero ajustado a la realidad física del peso y del tiempo. En ese momento mi furor patriótico no cabía en mí; había exorcizado toda actitud fifí de mi mente y de mi cuerpo. Estaba listo para atender el llamado del Jefe Máximo de la 4T. Me necesitaba en Tijuana cual minúscula parte de las fuerzas vivas del país para ser parte del “Encuentro para defender la dignidad de México y la relación de amistad con el pueblo de los Estados Unidos”.

La verdad, en ese momento me sentía como el corrido de El Caballo Blanco de mi José Alfredo Jiménez: porque vestido de Juan Escutia, tres botellas de tequila en mi alforja y un sarape de Saltillo al hombro llegaría a Tijuana -aunque en el camino me fuera cayendo, sangrara del hocico, cojeara de la pata izquierda o me fuera muriendo.

Había agarrado carretera cuando por la radio me entero del acuerdo logrado por el canciller Marcelo Ebrard -quien me dijeron utilizó como estrategia matadora el uso de una peluca color pelo de estropajo a la Trump- para establecer una mayor empatía con los negociadores del lado norteamericano. Y le resultó.

El acuerdo consistió en: blindar con 6 mil elementos de la Guardia Nacional la frontera con Guatemala; todos los migrantes que crucen el río Bravo para llegar a EU y solicitar asilo, serán regresados a México desde donde iniciarán el proceso de petición de asilo a los EU (seremos un “tercer país seguro”); México militarizará la vigilancia de los flujos migratorios al interior el país y comprará “grandes cantidades de productos agrícolas” a EU. Sí este acuerdo no se cumple, Trump impondrá el cobro del 5% de aranceles a todos los productos mexicanos.

En ese momento, me orillé y frené mi automóvil. Empezaba a sentir que el traje de niño héroe asfixiaba mi cuerpo y el sarape de Saltillo se enroscaba en mi cuello sin piedad. Di un trago al tequila y estaba caliente. Lo escupí.

Y en ese momento llegó un tuit del pejista Antonio Attolini: “¡Para ti @m_ebrard las guirnaldas de oliva! ¡Un recuerdo para ellos de gloria! ¡Un laurel para ti, @Martha_Barcena de victoria!”

Y sin pensarlo, encabronado: vomité nuestra dignidad y la soberanía nacional, como lo hizo Donald Trump sobre nosotros. Y mi “fififez” volvió a mí.

@canekvin