Durante los siglos 19 y parte del 20, antes de que se construyeran las redes carreteras, el ferrocarril fue el principal medio para transportar productos y personas. El presidente Juárez construyó en su gobierno el ferrocarril de la Ciudad de México a Veracruz —poco más de 600 kilómetros—. Posteriormente, en el periodo de Porfirio Díaz (1884-1911) se construyeron más de 20 mil kilómetros de vías de ferrocarril, comunicando a todo el País y propiciando el surgimiento de asentamientos en donde se crearon nuevos negocios que generaron empleos y prosperidad. El desarrollo económico de México durante el porfiriato sólo puede explicarse por la construcción de líneas ferroviarias que unieron a un país que nunca lo había estado.

En la segunda mitad del siglo 20, el ferrocarril sufrió un progresivo deterioro por la mala administración y falta de inversiones. Durante la administración de Ernesto Zedillo, se clausuraron varias líneas, y de 1996 a 1998 se privatizó el sistema ferroviario mexicano, concesionando más de 22 mil kilómetros de vía correspondientes al 84 por ciento de la red ferroviaria y 95 por ciento del sistema ferroviario nacional. Se otorgaron concesiones por 20 y 50 años al Grupo Ferroviario Mexicano (Ferromex), al Grupo Acerero del Norte, a Medios de Comunicación y Transporte de Tijuana, a Grupo Triturados Basálticos (Tribasa) y a Transportación Ferroviaria Mexicana (TFM), asociada con la estadounidense Kansas City Southern Industries. Al término de su gobierno, Ernesto Zedillo participó —demostrando su baja calidad ética y moral— en el Consejo de Administración de Union Pacific, miembro del Grupo Ferroviario Mexicano (GFM) formado también por Grupo México e Ingenieros Civiles Asociados (ICA), a quien le dio una concesión en 1997 para operar el Ferrocarril Pacífico Norte.

Desde su campaña, Andrés Manuel López Obrador contempló la necesidad de reconstruir el sistema ferroviario y a la vez generar una derrama económica a lo largo de la península de Yucatán, lo que permitirá detonar el desarrollo, beneficiando a las comunidades y pobladores originarios de la región, por lo que se propuso construir el Tren Maya.

Quienes vivimos en el norte de la república poco sabemos sobre esa zona del País, por lo que desconocemos la situación de pobreza y limitaciones que se tienen. El modelo de desarrollo que ha tenido la península de Yucatán ha llevado al empobrecimiento de la zona y a una creciente inequidad social de la región, exponiendo a los más vulnerables a pagar los enormes costos del deterioro ambiental, sin recibir a cambio algo más allá que empleos precarios.

Con la construcción del Tren Maya se prevé una inversión de hasta 150 mil millones de pesos, lo que —sumado a la inversión del tren interoceánico y la refinería de Dos Bocas— apunta a que el Sur-Sureste de México logrará una inversión nunca vista dentro de la región en materia de infraestructura, con proyectos que pueden ser detonadores para la región más rezagada del País.

De acuerdo con el Director General del Fondo Nacional de Fomento al Turismo, “este proyecto será de bienestar y conservación ambiental; será un detonador del desarrollo económico que no afectará la naturaleza y generará empleos”, por lo tanto, el desarrollo que se pretende será un aporte a la recuperación del patrimonio histórico, un estímulo a la actividad turística y un fortalecimiento a la economía y a la unidad social de la región.

El tren dará la vuelta a toda la península de Yucatán, pasando por cinco estados: Yucatán, Quintana Roo, Campeche, Chiapas y Tabasco. En su recorrido de mil 525 kilómetros, correrá paralelo a la carretera que actualmente divide el territorio en dos grandes áreas, utilizando la mayoría del trazo de derechos de vía ya existentes—sean vías férreas, autopistas o líneas de transmisión eléctrica—. Habrá 15 estaciones, desde destinos de playas blancas como Cancún a sitios arqueológicos como Palenque y Chichén Itzá, creando a su paso centros poblacionales y turísticos. Se calcula que transportará anualmente a unos tres millones de turistas.

La importancia del ferrocarril para la fortaleza económica y unidad social de un país es incuestionable. El ferrocarril es motor de las economías más grandes del mundo, ejemplo claro es el de Estados Unidos, donde diferentes empresas ferroviarias operan más de 200 mil kilómetros de vías férreas y aproximadamente el 40 por ciento de la carga de ese País se moviliza por este medio. En consecuencia, ciertamente contar con un ferrocarril eleva los niveles de competitividad en beneficio de su comercio, por lo que México se posicionará con el tren Maya y el corredor Interoceánico como una economía en donde existen opciones de transporte requeridas para atender sus mercados.

El Tren Maya es mucho más que un vehículo de transporte masivo, es un proyecto que pretende reordenar la región del sureste del País, con un proyecto inmobiliario y de urbanización en el entendido de que será un turismo responsable que busca ser motor de la economía peninsular.

Quienes se oponen a la construcción del Tren Maya que unirá por fin al sureste mexicano, harán bien en pensar en los beneficios que este generará. Esperemos que el Tren Maya promueva el desarrollo y coadyuve a reducir la pobreza. Es un deseo que todos tenemos. ¡Esperemos que así sea!