La consigna, para los nuevos gobiernos que arrancaron funciones en los últimos meses, es trabajar en una sintonía de unidad.

Pero la unidad no acoge en su seno un significado de la aglutinación cosida en sus partes sin posibilidad de espacio para la diversidad y disensión de opiniones. Lo deseable sería pensar en una unidad fijada con base a un propósito de bien común, de la búsqueda de objetivos para el beneficio de la comunidad, de una idea en la que pluralidad sea el concepto que defina la participación de sus habitantes.

Unidad, haciendo y promoviendo el uso de la voz, incluso discordante. En un espacio abierto a las libertades, la sociedad se permitirá un andar en armonía, en un caminar en el que tanto el uno como el otro sean atendidos.

Llama la atención cómo los enfrentamientos entre grupos ideológicos antagónicos en México profundizan sus diferencias y no permiten explorar de entrada las motivaciones del grupo de enfrente.

Así las cosas, en las redes sociales somos testigos de cómo los seguidores del presidente Andrés Manuel López Obrador mantienen con sus opositores pugnas que parecieran de campañas. Lo que resulta increíble es que ambos bandos, algunos definidos como fifís, otros como chairos, buscarían aparentemente el bien del País.

Consignas de uno y otro lado, donde se permiten análisis de los sucesos de actualidad bajo inamovibles ópticas. No hay manera, ya no de que cambien de opinión, vamos, ni siquiera de intentar comprender las motivaciones y los argumentos del grupo opositor.

Es desesperante que el afán es el lucimiento en redes. No hay suficiente conocimiento de los temas a tratar y su agenda es determinada por los hechos del día a día, sin detenerse a seguir investigando sobre los antecedentes y las consecuencias de los acontecimientos en cuestión, yendo de un tema a otro sin más ni más.

Las olas del mar los llevan a placer de un lado a otro, sin encallar en momento alguno en la orilla para detenerse a contemplar el horizonte por un instante y, por supuesto, a intentar percibir los nubarrones que se aproximen o los claros de luna que se presenten en ciertas jornadas.

Es deber de unos y otros intentar organizar y examinar con el material que día a día se va generando, para de verdad aportar información que valga la pena leer. Información que resulte de utilidad para quienes no están enterados de las problemáticas en cuestión.

No hacerlo de este modo es de lo más irresponsable que se pueda imaginar. No saben hasta qué punto la desinformación causa estragos. A quiénes van dirigidos los mensajes que tienen más de víscera que de miga.

Pero en el mundo actual de las redes, todo se vale, al menos por ahora. Esperemos que en esto tan nuevo que tenemos ante nuestros ojos pueda ganar en lo que necesitamos todos: información y enriquecimiento gracias a esta información.

Para que se den planos de unidad y de igualdad se requieren las voces de todos. Las voces que permitan entender los procesos en que estamos inmersos. Si esas voces no se escuchan o si esas voces que suenan alto no son responsables, la sociedad pierde.

Ojalá que las herramientas digitales cumplan con una función de bienestar y sean escuchados quienes, con responsabilidad y compromiso histórico, generan confianza y credibilidad.

INVIERNO

La presencia del invierno en el enero de este naciente 2019 dota al paisaje de bellas estampas que hacen evocar aquí la poesía del gran Neruda.

Llega el invierno. Espléndido dictado

me dan las lentas hojas

vestidas de silencio y amarillo.

Soy un libro de nieve,

una espaciosa mano, una pradera,

un círculo que espera,

pertenezco a la tierra y a su invierno.

Preciosas líneas en el arranque del nuevo año.