Antes de lo previsto, el Banxico incrementó las tasas de interés de referencia de 5.75 a 6.25%, con el argumento de contener la inflación, que sólo en enero se ubicó en 4.73% anual,  por el incremento en los precios de gasolinas y diésel –es decir, por la reforma energética- y en la depreciación del peso, que en sólo tres meses se ha deslizado más de 15 por ciento.

Aunque el diferencial de tasas de interés al ahorro y al crédito es escandalosamente amplio en México, el incremento señalado afectará negativamente la colocación dado que se encarecerá aún más el costo del dinero, lo que implica una tendencia a menor inversión directa y por tanto al desempleo.

La relación económica estrecha con Estados Unidos, construida desde hace 30 años por los Gobiernos de derecha, resultó nuestra mayor debilidad. Sin defensa de la soberanía nacional y con recetas neoliberales estos son los resultados: dependencia agrícola y energética de nuestro país hacia el exterior; desregulación financiera bancaria y bursátil, con tasas de interés crediticias excesivamente altas que no apoyan el crecimiento económico; se desmanteló la fortaleza que significan para cualquier País subdesarrollado sus recursos naturales, ahora concesionados o en propiedad privada nacional o extranjera; con las recetas ortodoxas de libre mercado no se fortaleció el mercado interno con una efectiva política industrial y laboral-salarial; sin política industrial eficaz se fomenta la competencia entre entidades para atraer inversión directa que genera empleo; ahora la deuda federal es prácticamente 50% de la riqueza nacional o PIB (9 billones 693 mil millones de pesos, ya es prácticamente), cuyo servicio financiero en 2016 por 473 mmdp –incluido el pago del gran atraco Fobaproa de 1996- rebasó la suma del presupuesto anual de la SEP y de la Secretaría de Salud (434 mmdp); entre otras.  En fin, un vericueto económico apátrida que no alcanza a rebasar el 2% promedio de crecimiento económico en 30 años… y contando.

Las promesas neoliberales no han resultado y tal parece que todas las estrategias han apuntado a favorecer intereses económicos nefastos que han afectado la soberanía nacional,  el bienestar de la población y el adecuado curso de la economía nacional.

¿Cómo se convoca a la unidad nacional si las reformas estructurales no han favorecido ni lo harán a la sociedad en general y sí sólo a un pequeño grupo de inversionistas sobre todo extranjeros? ¿Por qué esa convocatoria nacionalista circunstancial si no existe una estrategia  efectiva de política económica integral que en las decisiones integre las dependencias federales del sector y las entidades?, ¿Con qué se respalda ese llamado cuando no se tiene control estratégico de los recursos naturales que deben ser de la Nación para objetivos ulteriores de bienestar de toda la sociedad mexicana? La convocatoria es incongruente.

El nacionalismo no es la estridencia por la raza o el territorio, como las expresiones fascistas del Gobierno de EU y sus 60 millones de electores. La verdadera soberanía nacional es gobernar en función del desarrollo integral de las personas, de las comunidades y de la sociedad, a través de políticas económicas y sociales orientadoras que den rumbo al país, lo que no ha sucedido en la historia reciente de México.  El libre mercado no asigna de manera óptima los recursos y no es cierta la máxima neoliberal que “la mejor política industrial es la que no existe”. Para comprobarlo sólo basta verificar los nefastos resultados. 

La convocatoria a la unidad nacional debe incluir detener las licitaciones de los yacimientos petroleros y gasíferos y la asociación de Pemex con empresas extranjeras, debe incluir una estrategia integral de desarrollo con la participación del sector empresarial, las organizaciones sociales y la academia.  Si no es así  sólo es retórica circunstancial.