Desde el discurso, unos y otros han dicho ya que esta será una batalla en la que estará en juego la construcción del futuro del País

Hoy será registrada, ante el Instituto Nacional Electoral (INE), la coalición “Va por México”, integrada por los partidos Acción Nacional, Revolucionario Institucional y de la Revolución Democrática. Se trata de una alianza que tiene un objetivo muy claro: arrebatarle a Morena –y al presidente López Obrador– la mayoría en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión.

Con la formalización de esta alianza, anunciada ayer mediante un evento virtual en el que, además de los dirigentes nacionales de estos tres partidos, participaron diversos representantes de organizaciones civiles, arrancan formalmente las hostilidades electorales que buscarán convertir a los comicios del año próximo en una especie de plebiscito.

Porque, para todo efecto práctico, los electores tendremos que decidir entre dos opciones: la representada por Morena y la representada por la alianza opositora. Habrá otras posibilidades en la boleta, desde luego, pero puede adelantarse desde ahora que tendrán una participación marginal.

Otra cosa puede también afirmarse en este sentido: el concepto de “voto útil” se volverá más relevante que nunca y eso será así porque los representantes de una y otra facción se encargarán de plantearlo llamándonos a que no “desperdiciemos” nuestro sufragio.

Será una elección que polarizará aún más el ya de por sí tenso ambiente electoral mexicano. Lo deseable será siempre, desde luego, que las diferencias no se profundicen al grado de impedir el diálogo o, peor todavía, de concitar la violencia.

Pero para que eso no ocurra es necesario que todas las fuerzas políticas pongan en el centro de su lucha –legítima, por lo demás– a la ciudadanía. En otras palabras, lo que se requiere es que esta no sea –como lo han sido todas las anteriores– una batalla descarnada por los votos que solamente busca definir de qué lado se inclinará ahora la balanza de los privilegios.

Desde el discurso, unos y otros han dicho ya que esta será una batalla en la que estará en juego la construcción del futuro del País, y que eso pasa por contrastar las propuestas que se formulan a partir de la defensa de una posición ideológica concreta.

Si esto resultara así –pero nunca lo ha sido–, todos saldremos ganando. Si el núcleo del debate es la discusión honesta de una visión de futuro que defina con precisión el destino al que aspiramos y la ruta concreta que se pretende seguir para alcanzarlo, entonces no habrá nada de qué preocuparnos.

Por desgracia, la experiencia no da para documentar el optimismo, pues quienes pueblan nuestra clase política no se han caracterizado por el ejercicio del poder a partir de los principios de la democracia, sino desde una posición patrimonialista desde la cual se asumen como “propietarios” temporales de la nación y sus instituciones.

Quienes integran la alianza “Va por México” afirman querer “rescatar” el futuro del País; sus oponentes les acusan de que sólo buscan recuperar los privilegios perdidos. Los ciudadanos lo que decimos es que ya estamos hartos de una clase política que desperdicia recurrentemente la oportunidad de reivindicarse ante sus mandantes. Esperemos que esta vez nos sorprendan.