Está muy comercializado y estereotipado el tiempo vacacional.

Hotel de lujo, playa, todo pagado, trago de más y bocado indigesto. Tumultos en todos lados, para comprar o para divertirse. 

No pocas familias han encontrado formas originales para que la convivencia vacacional los una más en una sana alegría comunitaria. 
Casi en todas las costas hay personas que ofrecen hospedajes en casas amuebladas. No tienen la publicidad de las agencias hoteleras pero se puede obtener información suficiente.

Los gastos se disminuyen notablemente porque el pago del alquiler casero no es muy alto comparado con el de los paquetes de temporada alta.

Se ofrecen espacios suficientes para recibir a las familias de los hijos. Así conviven abuelos, hijos y nietos en cercanía y comunicación. Se favorece la participación en convivios, juegos, conversaciones y baños marítimos.

Las parejas logran nuevas experiencias compartidas, momentos de serena intimidad y se echan abajo barreras en la mutua confianza y estimación. Fuera de los compromisos laborales, siempre absorbentes, tienen encuentros parecidos a los del noviazgo y se vuelven a enamorar, reafirmando su cariño conyugal.

La chiquillería, los jóvenes y adolescentes encuentran y disfrutan su mundo de aventura, de desafíos y competencias. Se hermanan los primos formando un equipo regocijado.  En ambientes bien seleccionados, conocen nuevas amistades y se multiplican los momentos que quedarán fotografiados para después recordarlos y comentarlos.

Las vacaciones en familia son también una oportunidad de cooperación, con talentos peculiares, al bienestar de todos. Se distribuyen pequeñas responsabilidades, cuidando, no que pocos hagan mucho sino que muchos hagan poco, para que nadie quede excluido del servicio para satisfacción común.

Fuera de los sitios, las modalidades y las inversiones preferidos por la mayoría, se dan vacaciones familiares muy originales en que hay intrepidez para dejarse sorprender por lo inesperado, lo novedoso que será también lo inolvidable. 

El estado mágico de Coahuila se vuelve meta vacacional para familias inteligentes que adivinaron y descubrieron las bellezas norteñas y los atractivos de montañas, caseríos, museos, sabores, dulces y vinos, balnearios, artesanía y gente de amplia hospitalidad…