Don Juan le rogó al prior del convento de Santa Catalina que lo oyera en confesión.

-Decid –le pidió el santo varón.

Habló Don Juan:

-Amé en la carne a doña Elvira. Fue una noche abrileña, cuando la luna rielaba sobre las aguas del Guadalquivir y se escuchaban a lo lejos, en el barrio gitano, las notas de una soleá. Besé a aquella hermosa mujer en la penumbra de su cámara. Primero mis besos fueron pétalo, después fueron de lumbre. Ella se dejó poseer por mi pasión y empezó a desvestirme aun antes de que yo desatara las cintas de su brial. Ni siquiera alcanzamos a ir al lecho: sobre el tapiz de Arabia hicimos el amor. Esa noche conocí todas las lujurias.

Preguntó el prior:

-¿Estáis arrepentido?

Contestó Don Juan:

-No.

-Entonces –declaró el prior– no puedo daros la absolución.

Dijo Don Juan:

-No vine en busca de la absolución. Sólo quería recordar aquella noche.

     ¡Hasta mañana!...