Sin proponérmelo, al día de hoy ya tengo vistas las ocho cintas que compiten por el Oscar en la máxima categoría.

Una de las más interesantes en la competencia, además de “Black Panther” que es la indiscutible ganadora a Mejor Película, es el filme de Adam McKay, “Vice”.

McKay es un director de comedias bufas –“Anchorman”, 2004; “Step Brothers”, 2008– que ha sabido trasladar su estilo narrativo a los dramas de crítica social contemporánea –“The Big Short”–, en los que aborda temas muy serios y densos con recursos “fársicos”, siendo el más notorio la ruptura de la cuarta pared.

Pero olvidémonos de los aspectos formales: La peli “Vice” –que creo que en México lleva el indulgente título: “El Vicepresidente, Más Allá del Poder”– aborda la vida de Dick Cheney, quien fungiera como Vicepresidente de la administración de George W. Bush –o sea, el hijo–.

Cheney es la perfecta encarnación del operador político. Totalmente anticarismático, muy lejos de ser material electoral, pero es –o fue– un ejecutor implacable, justo lo que necesitaba un Presidente tan zopenco e incompetente como Bush jr.

Para hacerle una idea, Bush conjuntaba lo rupestre de Vicente Fox con la proclividad a la deyección de un Enrique Peña Nieto. El gobierno de la nación más poderosa de la Tierra no habría subsistido dos días bajo su dirección, es decir, sin el comando de facto de Cheney.

Cabe aclarar que el de vicepresidente es un puesto eminentemente simbólico. Dicho sea sin exageraciones, su misión es aguardar a que el Presidente fallezca y, en caso de dicha eventualidad, asumir el cargo.

Pero como un gobierno casi siempre le apuesta a que su comandante no muera, el vicepresidente se puede dedicar a actos puramente protocolarios y de representación: cortes de listón, galas, recaudación de fondos, apadrinamientos, ya sabe, la vida “sha-la-lá”.

Pero no Cheney. Al menos, de acuerdo con la biocinta, él asumió el control de la Presidencia arrogándose facultades impensadas para su cargo que, como ya dijimos, es meramente decorativo.

Así que fue de hecho el vicepresidente Cheney quien planeó, orquestó y ejecutó la respuesta del gobierno norteamericano tras los eventos del 9-11.

Si los presuntos responsables de los atentados en cuestión fueron unos terroristas saudís con sede en Afganistán, quizás Cheney podría explicarle a la Historia por qué la reacción del Gobierno de los Estados Unidos fue hacerle la guerra y prácticamente borrar del mapa a Irak, deponiendo, capturando y ejecutando a su líder Saddam Guadalupe Hussein.

La verdad es que se explica todo de manera muy sencilla cuando averiguamos quién o quiénes resultaron beneficiados luego de dicha guerra, concretamente, la multinacional y petrolera Halliburton Company, para la que Cheney se desempeñó durante un tiempo como CEO.

Su gran fracaso es no haber conseguido convencer al mundo de que Irak representaba una amenaza para la democracia y el mundo libre. Esto no lo terminaron de comprar ni siquiera los enajenados gringos, que aún no terminan de entender la lógica detrás de la Operación Libertad promovida por el anticristo texano, aunque tampoco les quita mucho el sueño.

Las lecciones de la cinta sobre política y poder no son nada nuevo ni de otro mundo, pero es conveniente siempre tenerlas presentes, a saber:

1.- El cargo es una fachada. Rara vez, pero muy rara vez la persona que elegimos es realmente el jefe de un gobierno. Usualmente son monigotes al servicio de intereses ulteriores muy distintos al interés público. Y esos intereses oscuros pueden ser corporativos o político-partidistas.

2.- Los entes más peligrosos de la política suelen ser los menos célebres, los que pasan desapercibidos. Los que están detrás del poder, los “vice”. Los que sexenio tras sexenio, inexplicablemente, siempre quedan bien acomodados en el gabinete. De esos sí hay que cuidarse. ¿A cuántos de estos especímenes puede nombrar de la política nacional o local?

3.- Aquellos que son declarados como un “peligro” o “amenaza pública” por un gobierno, ya sean “las drogas” como industria, una nación extranjera, o un partido u adversario político, son sólo el pretexto para emprender guerras que financiamos nosotros y para que dicho gobierno se auto faculte para quebrantar la ley.

En fin, que como peli didáctica “Vice” quizás no es muy novedosa, pero eso sí, es muy entretenida, no deje de verla en cuanto tenga oportunidad. El ritmo logra que su duración de dos horas y cuarto apenas se sienta y la transformación de Christian “Batman” Bale en este viejo horrendo, tenebroso y gris de Cheney es, como otras de sus caracterizaciones, sorprendente.

Desafortunadamente, no le auguramos muchos premios porque, como ya dijimos, todos se los debe llevar “Black Panther”.

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