Gracias al taller impartido en el Centro Cultural ‘Casa Purcell’ del 28 de noviembre al 2 diciembre de este año, la artista residente de la Ciudad de México visitó la capital coahuilense. Platicamos con ella.

Tres ejemplos pueden servir para comprender la obra de Vida Yovanovich. No son ejemplos pequeños, y ya desde ahí empieza la descripción. La fotógrafa no es una artista que se limite a capturar tal o cual imagen. Ella siempre se involucra mucho en los temas que trata. No es un método de trabajo sencillo, ni permite una producción rápida de obra, pero el valor de los resultados es enorme.

La semana pasada impartió un taller introspectivo de fotografía en el Centro Cultural “Casa Purcell”. Los asistentes entregaron su obra al análisis y la crítica de la artista, quien usó su propia experiencia para evaluar estos trabajos y propiciar su crecimiento.

Parafraseando lo dicho en el taller por ella; “Todos estamos en una escalera, yo sólo estoy unos peldaños más arriba, pero sigo aprendiendo”.

Para ella el tiempo que se le dedica a una foto es muy importante. “(...) la única forma de tomar las fotografías y de tomar las fotos que yo tomo, el tipo de fotografías que yo tomo, es dándote tiempo y es involucrándote en lo que estás viviendo, mirando y por ende, fotografiando”. Dijo también que: “Las fotos no salen al principio. Hay que darse tiempo. Es la única forma, de irte metiendo, observando, estando. Volviéndote transparente en ese lugar”.

Sus procesos son terapia. Sus fotografías buscan solucionar incógnitas personales. Pero a través de estos ella logra denunciar verdades ocultas. No es estrictamente política, o feminista, pero su forma de trabajar la han hecho desarrollar un sentido de responsabilidad para con los sujetos que fotografía.

En “La Cárcel de los Sueños”, ensayo fotográfico que fue premiado en 1990 con la presea Casa de las Américas , Vida se internó en la rutina de un asilo y acompañó a estas mujeres, prácticamente abandonadas, durante un tiempo. Las escuchó, compartió un fragmento de sus largas vidas. Llegó a conocerlas y esperó. En palabras de Elena Poniatowska, fue un proyecto en el que Yovanovich “quiso verse a si? misma vieja antes de tiempo. Quiso mirarse en el espejo, quiso volverse una anciana en un asilo dejado de la mano de Dios. Quiso retratarse al retratar a otras”.

Este proyecto fue llamado así por una de sus protagonistas, quien decía sentirse en una cárcel y hasta ahí fue a dar la artista, a la cárcel. Por voluntad propia.

Durante siete años visitó cárceles femeniles se enfrentó a las injusticias que son pasadas por alto por el resto de nosotros. 

Vida dice tener una fijación por el paso del tiempo, “el proteger y el miedo al rechazo”. Y su trabajo lo refleja. En su proceso protege a todas estas mujeres. Conoce sus historias y las retrata. En su obra, todo se entrelaza pues a fin de cuentas es personal. Personal también era la búsqueda en otro tipo de reclusorio, aunque resultó en algo más grande.

Mauthausen fue un campo de concentración nazi en Austria, el primero en albergar prisioneros.  Llegó hasta ahí buscando sus raíces, y como siempre se encontró con más. Apodado “El campo de los españoles” debe su nombre a la nacionalidad de quienes lo construyeron y se convirtieron en su primeros habitantes. Este, su más reciente trabajo, se expuso en el “Laboratorio Arte Alameda” en Ciudad de México y en sus propias palabras; “son ocho instalaciones (…) que tienen que ver con una parte de mi historia de familia que también tienen que ver con el encierro y el paso del tiempo y el rechazo”.

Le impresionó encontrarse con esta historia, que emula a otros conflictos actuales. “(Mauthausen) Es un campo que tuvo 18 nacionalidades de prisioneros. Entonces es la memoria histórica la que empiezo a abordar, ya no solamente lo que es la memoria del rompecabezas de mi familia inmediata, sino de esto que es mucho más importante”.

Hablar de Vida Yovanovich no es hablar de fotografía es hablar de historias. Su obra es eso y mucho más. Pues aunque su trabajo fotográfico sea profesional, pulcro y bello, haciendo hincapié en la singularidad en que lo presenta, saliéndose de los estándares de una muestra de este tipo, es el esfuerzo que hay detrás de ellas lo que destaca en mayor medida. Uno no puede ver estas piezas sin conocer su historia, sin ser abordado por preguntas y sin la necesidad de querer contestarlas. Si para ella lo vital está en las relaciones formadas durante estos periodos de ejecución artística, uno lo puede sentir en sus productos finales.

El dato:
> Vida es originaria de La Habana, Cuba y reside en México desde 1956.
> Gran parte de su obra está dedicada a explorar la vida e identidad de la mujer.
> Ha participado en más de cien exposiciones colectivas alrededor del mundo. Ha expuesto individualmente en México, Cuba, Serbia, Francia, Austria, España, Sudáfrica y Estados Unidos.
> Su obra figura en las colecciones del Museo de Bellas Artes en Houston (EUA), Acervo del Consejo Mexicano de Fotografía (México), Casa de las Américas (La Habana, Cuba), Museo de Bellas Artes de Buenos Aires (Argentina), Museo de Artes Aplicadas de Belgrado (Serbia), Ateneo Español de México (México) entre muchas otras.