De muchos años a la fecha, México se pulveriza y volatiliza en su lenguaje. Hijos de la haraganería y la mediocridad, los mexicanos caemos periódicamente (siempre, en honor a la verdad) en estadios de inconsciencia afásica que todo mundo observamos y reproducimos, pero que pocos criticamos o dejamos por escrito al menos, como un ingrato e infeliz testimonio. Como eso de la “equidad de género”, situación ya fuera de control, mucho se ha pulverizado, incluyendo el lenguaje. Y somos, estamos hechos de palabras, señor lector. Es este lenguaje regalo de dioses y lo cual nos diferencia de los animales. Pero ahora debido a la “equidad de género”, lo que eso signifique, debemos de incluir a todos y a todas, debemos decir árbitro y árbitra (puf), juez y jueza, varón y varona (no mujer, la Biblia y Génesis dicen que es varona, porque del varón fue hecha y forjada; insisto no es igual, nunca seremos iguales), diputados y diputadas… en fin, ya lo abordaremos puntillosamente.

Sobre lo que quiero llamar su atención hoy, es que siempre hay una violencia latente en el lenguaje, en lo que hablamos y mentamos. Nada es gratuito. Nada es por “equivocación”, nada es superficial. En esta saga de textos donde estamos asediando la violencia sin fin y brutal, la maldad y la inseguridad que nos agobia, varios lectores me han pedido letras sobra una forma de violencia también extrema: el lenguaje, las palabras. Hago un breve paréntesis antes de acometer este buen tema: gracias por leerme, gracias por atender estas letras. Muchos comentarios sigue cosechando esta serie de columnas. En la quinceava de esta entrega, haremos un alto, aunque el tema es eterno. Ya luego le estaré a usted abonando nuevas letras y le daremos un consecutivo solamente (16-17… etcétera). Gracia por leerme.

Decíamos: somos lo que hablamos. Dice la Biblia a la letra: “De la abundancia del corazón habla la boca”. Dice el sabio español Álex Grijelmo: “Las palabras arraigan en la inteligencia y crecen con ella... viven en los sentimientos, forman parte del alma y duermen en la memoria”. Las palabras que proferimos diario son el reflejo de nosotros mismos y son la semilla de lo que hemos vivido, estudiado y literalmente mamado en la formación familiar. Es decir, las palabras son el núcleo de una herencia que nos ha formado y nos moldea día con día. Bramaban los horrores de la Segunda Guerra Mundial y el nazismo amenazaba al mundo entero; un intelectual, Karl Kraus, escribió en uno de sus textos: “Es en sus palabras y no en sus actos donde yo he descubierto el espectro de la época”. Kraus escribió un ensayo memorable sobre cómo Adolf Hitler primero se hacía (se hizo) de un lenguaje de poder, lo sembraba como palabras teloneras, para luego desencadenar toda la crueldad de la guerra, ahora sí, legitimada por los discursos. Lea usted “Mi Lucha”, dramático y terriblemente actual este libro de Hitler.

ESQUINA-BAJAN

Diario Andrés Manuel López Obrador (presidente de Morena, que no de todo México) usa su tribuna mediática para denostar, injuriar, ofrece imágenes brutales de sus enemigos o posibles enemigos; ofrece sus “datos” encima de lo que de verdad son datos confiables y utiliza su tribuna para lanzar dardos envenenados, un lenguaje violento y pendenciero. Pocos o nadie ha reparado en esto. Usa imágenes brutales, utiliza una especie de antropomorfización de las instituciones y de los mismos seres humanos de su entorno… para rebajarlos a calidad de animales. Veamos rápido y a vuelapluma esto, aunque luego le dedicaré un par de textos exclusivamente. Desplumar su lenguaje violento y lo fácil que todo mundo se traga sus embustes.

Claro que usted lo recuerda, el abominable Adolf Hitler y Mussolini se referían a los hermanos judíos como “piojos”, “liendres”, “basura”. Es decir, seres humanos sin ningún valor. ¿Y Andrés Manuel López Obrador? Pues sí, ha utilizado la metáfora de la basura ampliamente en su discurso e incluso, ahora forma parte de sus “logros” y es un promocional por su año de “gobierno”: (Procederé) “Como se barren las escaleras, de arriba hacia abajo…” (AMLO en varias ocasiones: 15 de diciembre de 2017, 11 de febrero de 2018 y ahora su spot oficial). Es decir, “barrer” a instituciones y seres humanos que “ensucian” la sociedad y que causan malestar en un impoluto, santo, puro, casto e inocente AMLO.

Otra metáfora muy usada por él es volver animales a las instituciones y a los humanos. Varias veces ha espetado: “el gobierno es un toro viejo / elefante reumático”, y con esto describe en imagen y metáfora el “cochinero” (sigue la basura, pues) que le dejaron las anteriores administraciones. En su día 94 como presidente de Morena, literal dijo: “Lo más complejo, empujar al animal porque es como un elefante (el Gobierno Federal), con todo respeto a los elefantes, es un cuerpo de avance lento porque no estaba hecho para atender a la gente, estos tecnócratas hicieron un gobierno que consistía en facilitar que se hicieran negocios al amparo del poder…”. Dos metáforas juntas en su lenguaje violento: la metáfora de la basura y la metáfora que vuelve a los burócratas animales.

Lo anterior me recuerda aquellas famosas palabras del expresidente de México, Ernesto Zedillo Ponce de León, quien en su momento y ante el embate del crimen organizado dijo voz en cuello algo que recuerdo casi textual: “los malosos no nos ganarán”. La trivialización del lenguaje es la trivialización de la política. Aquí entre nosotros y por cierto, amigo en su momento de AMLO, Humberto Moreira Valdés llamaba “federicos” a los policías que llegaban de México, de la Federación (los federales)... No hay diferencia entre políticos del PRI, PAN, Morena.

LETRAS MINÚSCULAS

“Becarios sí, sicarios no”. “Abrazos, no balazos”. El sábado 21 de septiembre, en Baja California en menos de 24 horas, 11 asesinatos, 2 calcinados…