Esta madeja de hilo y tema, da para largo. Hay múltiples aristas para desmenuzar y tratar de explicarlas. ¿Andrés Manuel López Obrador ha sembrado un espíritu de rencor y odio y sigue dividiendo a México? Sin duda. ¿Por qué lo hace? Habrá que preguntarle en sus homilías mañaneras, lo malo es que sólo son “periodistas” afines quienes le hacen preguntas de “pechito.” “Periodistas” de “medios electrónicos”, uno de ellos seguido es “beneficiado” de lo anterior, es un tipo que se presenta como de un medio digital llamado “Deforma,” Así las cosas. ¿Cuando en su momento el lagunero Miguel Ángel Riquelme venció en tribunales en el juicio de ganador de la pasada elección para Gobernador, en contra de Guillermo Anaya, Armando Guadiana y Javier Guerrero (¿ya fue a visitar a su ex patrona, madrina y gran amiga, Rosario Robles al Reclusorio o ya la dejó y abjura de su amistad, como lo ha hecho siempre debido a su tibieza proverbial?), vía la mano del ibérico Luis Efrén Ríos Vega, usted lo oyó despotricar e injuriar a sus enemigos políticos? Ahora que el “Cowboy urbano”, el alcalde de mi ciudad, Saltillo, Manolo Jiménez, ha vencido y sobradamente en las dos elecciones para la Alcaldía a los panistas de confesionario y golpe de pecho, como Esther Quintana y Carlos Orta, usted le oyó vanagloriarse de lo anterior o mofarse de sus enemigos, no obstante, su aplastante victoria en las runas con votación histórica?

Desde que tomó posesión como Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador endureció su discurso y su lenguaje violento, un literal llamamiento al odio y rencor. Vive del pasado, no ve el futuro. Ni le importa. Su lenguaje y palabras de rencor, las dirige hacia sus opositores o bien, hacia quienes él dice, se oponen a su toma de decisiones vertical. Sea un medio de comunicación (a la revista Proceso les dije que no se “portaban bien”), seres humanos (políticos o empresarios) y en fin, en contra de todo aquel que se a sus ojos (es decir, practica el fundamentalismo democrático) un “opositor”. 

De aquel infausto accidente aéreo que ya nadie recuerda, donde murieron dos políticos que se perfilaban fuentes y dignos en su batalla democrática en contra de las políticas verticales de AMLO, los poblanos Martha Erika Alonso (gobernadora de Puebla) y su esposo, Rafael Moreno Valle (senador del PAN y autor de un libro que en su momento, Armando Fuentes Aguirre presentó en varios lugares), cuando en las redes sociales y medios de comunicación se preguntaban sobre la posible responsabilidad del Gobierno federal, AMLO el día 26 de diciembre de plano bramó en tribuna: dijo que quien dijera eso, eran “neofascistas” y “mezquinos”. Cuando unilateralmente decretó que la Base Aérea Militar “Santa Lucía” sería la opción para un segundo aeropuerto y ya cancelado el de Texcoco, cuando los habitantes de las inmediaciones promovieron amparos y luego, empresarios y ciudadanos, se abalanzó al micrófono y espetó con voz de trueno: es “un sabotaje legal.”

ESQUINA-BAJAN

¿Por qué tanto odio y rencor en su corazón? La instauración y avivamiento de este fuego de odio es utilizado por AMLO como arma política y claro, como distractor ante lo de verdad rudo y siniestro que se teje diario en su gabinete y con sus claques que tiene en el Congreso, la cámara de Senadores y Diputados. Ambas a su merced y antojo. Lo vimos el texto pasado: AMLO usa imágenes brutales para denostar y definir. Utiliza una especie de antropomorfización de las instituciones y de los mismos seres humanos de su entorno… para rebajarlos a calidad de animales. Ha dicho no pocas veces: “el gobierno es un toro viejo/ elefante reumático” y con este describe en esta imagen y metáfora el “cochinero” (sigue la basura, pues) que le dejaron las anteriores administraciones. Literal, así lo expresó: “Lo más complejo, empujar al animal porque es como un elefante (el gobierno federal), con todo respeto a los elefantes, es un cuerpo de avance lento porque no estaba hecho para atender a la gente, estos tecnócratas hicieron un gobierno que consistía en facilitar que se hicieran negocios al amparo del poder…”. 

Duro, letal, pero es un distractor de algo más terrible y donde se evidencia su manera de tomar decisiones de manera vertical, caciquil, sin contrapeso alguno: mientras compara a las instituciones y humanos con elefantes (me recordó aquellos viejos versos de Ramón López Velarde, “Los circos trashumantes/ los desacreditados elefantes/ las magnas tragedias hilarantes”), con los “desacreditados” elefantes, AMLO cocinaba lo siguiente: a golpe de puño cerrado, a golpe de decreto unilateral, consolidó en Marcelo Ebrard y su Secretaría de Relaciones Exteriores, la política migratoria de México y dejó fuera del camino a quien de verdad tenía esta atribución, Olga Sánchez Cordero y su Secretaría de Gobernación (viernes 20 de septiembre). La discrecionalidad del Ejecutivo (AMLO) es brutal, igual que su lenguaje. Nadie dice nada. ¿Sabe cómo se llama el nuevo engendro con lo cual Marcelo Ebrard domina México? “Comisión Interseccional de Atención Integral en Materia Migratoria”, lo que eso signifique. Y ojo, ya entró en funciones.

¿A usted lo invitaron al debate como simpatizante de Morena y del gobierno de AMLO para discutir lo anterior, a usted como claque le avisaron de esta reforma que perfila a Ebrard como un literal Vicepresidente, sobre la jurisdicción de Olga Sánchez Cordero y Alfonso Durazo? Decía un sabio, Giovanni Sartori (tesis que sabe al dedillo el abogado Gerardo Blanco Guerra), la “democracia política” se debe de construir sobre el consenso de la población (que a usted le pregunten sus Diputados y Senadores de Morena), y de no ser así, caerá o se convertirá en una mera apariencia, “simulación” que esconde un “fundamentalismo” y luego, llegará el autoritarismo.

LETRAS MINÚSCULAS

¿Ya le preguntaron a usted sobre la Ley de amnistía a presos, los cuales quedarán libres?