Con Andrés Manuel López Obrador, presidente de Morena y su corte de claques ciegos y sordos, zombis pues, autómatas, la violencia está desbocada y sin control. En su informe diario a la nación donde acapara el micrófono, cuando no miente, engaña. O las dos cosas. O todo junto. El pasado lunes 7 de octubre, VANGUARDIA publicó su inteligente y sobrado análisis de estas conferencias llamadas “mañaneras” por el mismo cacique de Macuspana. Los resultados son tremendos, sintomáticos y aterradores. El título del análisis a plana completa fue el siguiente: “Miente y engaña AMLO con apoyos y educación”- Es decir, de todo lo que dijo, harta palabrería hueca, sólo el 35% de sus dichos fueron verdaderos, el restante, el 65% de lo espetado, fueron sentencias falsas unas y engañosas otras.

Pero el tirano, el cacique no admite reprimenda alguna y menos reconoce de sus yerros, recurrentes yerros. El país no marcha bien, pero sus “datos” dicen lo contrario; en su acostumbrada trivialización de la vida pública, dice que marchamos “requetebién”. No le voy a volver a presentar aquí las cifras de violencia que nos desnudan de cuerpo entero, ya escritas aquí con anterioridad. Le cuento brevemente de lo nuevo, la inseguridad y extrema violencia que a todos nos mancilla, le cuento de aquello que nos ata a la maldad, una maldad que no cesa y no va a cesar porque los policías destinados a ello (la Guardia Nacional, un fracaso al día de hoy), no realizan labor de inteligencia, una gran parte de ellos (más de 20 mil) están destinados a corretear migrantes por orden de Donald Trump.

Van las nuevas cifras del horror y la maldad. Bajo la égida de AMLO y su pupila más querida, la incapaz de Claudia Sheinbaum, jefa de gobierno de la ciudad de México, los feminicidios han aumentado en el Estado de México y la Ciudad de México. El año pasado y en los primeros ocho meses de gobierno se contabilizaron 30 feminicidios, ahora ya van 33 en este mismo periodo. Igual en el Edomex, 64 casos el año pasado, 67 ahora. Y aún no termina el año. Una desgracia y un dolor eternos. En ochos meses, 100 feminicidios y sólo en dos entidades de este dolido México. En Ciudad Juárez siempre está ardiendo el infierno. La ciudad es bronca, ruda, la cual sigue en llamas desde que la conocí allá en la década de los años noventa del siglo pasado. Me asaltaron en pleno centro y como Dios manda, un par de cholos. Me dejaron en calzoncillos. Pero nada comparado con lo que ahora ocurre en esta frontera caliente la cual es un infierno. En los últimos cuatro meses, cinco abogados han sido asesinados. El Vicepresidente de la Asociación de Abogados Penalistas en Ciudad Juárez (AAPCI), José Antonio Navarro, ha dicho que su gremio se encuentra en alerta roja y buscan modificar la Ley para andar legalmente armados. Esto ¿es bueno y necesario o es una locura?

ESQUINA-BAJAN

Ante la ola de violencia y sevicia y el horror que no cesa porque a AMLO no le importa (nadie hace caso a su mantra ingenuo e inocente de: “Fuchi, guácala, pórtense bien, piensen en sus mamacitas…”), ¿los médicos deben de estar armados, las enfermeras deben ir armadas, los obreros deben cargar pavorosas armas de fuego; ante este clima de terror, los periodistas debemos de andar con una metralleta en la espalda? Definitivamente no. Sería el inicio de la barbarie (más aún de lo que ya está en el ambiente). Todo mundo es violentado, atacado o asesinado. Como los abogados ahora en Ciudad Juárez. Y para desgracia de todos, los periodistas somos otro blanco fácil. Y es que a AMLO, a los rijosos, a los narcotraficantes les preocupa la palabra escrita, más que una ráfaga de metralla. Las 28 letras del alfabeto bien escritas, son suficientes para derrocar autoridades, poner en su sitio a maleantes y ayudar al desvalido (pienso en los miles de niños y hombres y mujeres que tuvieron que padecer el calvario de no tener medicinas para esa terrible enfermedad del cáncer, todo porque AMLO buscaba “ahorros”, los cuales fueron finalmente de 17 mil pinches pesos con respecto a lo desembolsado por Enrique Peña Nieto en el año anterior por los mismos medicamentos). 

Le decía que andar armados no soluciona nada. Pronto nos pareceremos a Estados Unidos y sus matanzas despiadadas. Un día de furia de cualquier ciudadano puede desembocar en una carnicería estilo gringo. Pero, le presento las siguientes cifras para su reflexión: en el sexenio de Luis Echeverría Álvarez fueron asesinados 6 periodistas. En el de José López Portillo, 12. Con Miguel de la Madrid, fueron ultimados 33 periodistas. Con Carlos Salinas de Gortari, 46 compañeros fueron abatidos. Con Ernesto Zedillo, 24 periodistas asesinados. Con Vicente Fox desaparecieron y/o fueron asesinados 33. Con Enrique Peña Nieto, fueron asesinados 20 periodistas (datos de prensa y del libro “Violencia y medios 3”).

Ahora lo repito y en lenguaje cristiano para que no se olvide y no haya duda: en el sexenio, en seis años de Enrique Peña Nieto, a quien todo mundo odia, humilla y le hace “memes” (situación que ni le importa) hubo 20 informadores muertos. Y ahora viene lo bueno o lo peor, según sea su enfoque señor lector: desde el inicio del gobierno de AMLO y al día de hoy, van 15 periodistas asesinados. 15 muertos en 10 meses de AMLO, contra 20 en seis años de Peña Nieto. Y claro, AMLO en más de 200 mini-informes diarios a la nación, jamás, jamás se ha pronunciado al respecto. (Datos de la SIP).

LETRAS MINÚSCULAS

Por lo anterior, la gestión de Manolo Jiménez y Armando Castilla Galindo para que Saltillo sea sede en próximo año para una Cumbre de la Sociedad Interamericana de Prensa, es un lujo y gran logro para mi ciudad.