Una aclaración. Los duendes de mi computadora (y no mis editores) hicieron que el texto pasado apareciera encabezado con el consecutivo de 18. No, era el 19. Pero esto es totalmente insustancial con el horror que aquí en esta saga de textos estamos describiendo. En esta entrega, la número 20 y la siguiente, la 21, para desgracia nuestra, seguiremos abordando la violencia demencial, la maldad bestial de los humanos y ese papel de necio y obcecado el cual no representa sino que así es el Presidente de Morena, Andrés Manuel López Obrador. Gracias por leerme. Sigo cosechando hartos comentarios de este tema central aquí planteado. Muchos lectores hablan de mi “timing” al respecto y la verdad, me hubiese gustado equivocarme con semejante mal y brutalidad que aquejan ya a todo el país. Comenzamos.

¿Los mexicanos estamos podridos? ¿Nuestro corazón, nuestra alma, eso llamado espíritu es inexistente en este abnegado país? ¿La culpa es del monje Raúl Vera, del mediático Pedro Pantoja; la culpa es los narcotraficantes solamente, la culpa es del gobierno, la culpa es de las familias por no enseñarles a los niños eso que de chicos nos remachaban nuestro padres, eso conocido como “el temor de Dios” (Génesis 20:11)? ¿La culpa es del Papa Francisco, la culpa es sólo de AMLO y sus claques? ¿La culpa es de los gringos al vender, comprar y traficar armas letales lo cual nunca, nunca va a parar por un sencillo motivo: la Segunda Enmienda de la Constitución norteamericana jamás la van a modificar? ¿De quién es la culpa de semejante bestialidad en este país?

La culpa es de todos. Todos somos culpables de lo que pasa. ¿Todos somos entonces hijos de Medea? Sí, aquel viejo personaje de tragedia y mitología griega, aquella vieja tirada de naipes de mujer traicionada. Usted lo sabe, y lo sabe más que yo: la venganza de Medea (es lo que pasa en México), para poder dañar al padre, mata a sus propios hijos y huye, montada en un carro de fuego (sí, como Elías el bíblico). Digamos, es una versión femenina de Elías, sangrienta y bestial. Tal vez y sólo tal vez, varias generaciones de mexicanos deban de morir (como el pueblo de los hebreos en el desierto, cuando Moisés los trajo 40 años vagando en círculos para que los viejos quedaran sembrados en el camino y poder edificar en la tierra prometida un nuevo mundo, un nuevo pueblo de Dios) para que una generación nueva, limpia y buena, tomen las riendas de este infierno en que se ha convertido el país.

Gente como usted que hoy presta atención a estas letras, me comentan de lo anterior: de cómo voy tejiendo los textos aquí deletreados, donde trato de explicarme esta violencia y maldad bestial a través y con textos literarios, históricos y bíblicos. No tengo otra manera de hacerlo y conducirme por el mundo, sino al utilizar las herramientas que tengo a la mano y dicha semilla es la literatura, el estudio dilatado de mis autores clásicos, mis estudios de teología, ahora los de música… 

ESQUINA-BAJAN

¿La poesía puede salvar al mundo? No. Tampoco es su papel. Menos su obligación. Nació de la voluntad del hombre en las noches más altas y mantiene como única herramienta de combate la imaginación, las ideas. Mientras haya hombres, dijo Octavio Paz alguna vez, habrá poesía. ¿Pero y si esa imaginación se muere, se quiebra, se olvida, como hoy lo estamos atestiguando desgraciadamente? Al dejar de haber poesía, dejaríamos de ser hombres, humanos. Y esto es el signo de los tiempos en México. ¿Usted cree en Zeus, Artemisa, Baal, Cupido, Marte, Proteo, Neptuno…? Imagino no, pero sí seguimos leyendo y creyendo en la gran literatura producida por la imaginación humana de Homero, Eurípides, Orfeo, John Milton, William Blake, Octavio Paz. Las religiones pasan, mueren, pero vea usted que las letras del espíritu siguen su marcha y están jóvenes y lozanas por siempre. Por esto  es importante explicar y explicarnos el mundo (su bestialidad) a través del arte. Es lo que nos va a salvar de la putrefacción. 

¿Miguel Barbosa, gobernador de Morena de Puebla, puede seguir manteniendo aquello que espetó en contra de Erika Alonso y Rafael Moreno Valle de que murieron en un accidente aéreo porque los “castigó Dios? ¿Entonces Dios castigó a la familia de mormones, LeBaron, por creer en la poligamia, para ellos perfectamente aceptada? ¿Qué piensan de esto los monjes Pedro Pantoja y Raúl Vera López: van a excomulgar a los LeBaron, a Miguel Barbosa, a los sicarios, a los policías, a AMLO y sus claques? ¿Alguien cree en la religión hoy y su discurso huero de solidaridad divina, munificencia, fraternidad, misericordia, paz, perdón, reconciliación y un largo etcétera? Si usted cree en lo anterior, lo respeto. Entonces si usted cree en ello, ¿Es obligación o es natural creer en el diablo, en Satanás? Los hermanos “Testigos de Jehová” y otros hermanos cristianos, como los de “Cristo Vive”, son muy dados a creer. Crédulos, depositan en un agente externo (el diablo, siempre) los males que nos afligen. De un buen tiempo a la fecha, Satanás tiene nombre: es Internet.

¿Datos duros? Son los que usted conoce y ha leído hasta el hartazgo. No está de más repetir algunos: los niños y mujeres de la familia LeBaron no murieron bajo fuego cruzado entre bandas rivales, fueron emboscados y fueron por ellos (declaración de Alex LeBaron). Más de 200 balas los masacraron. Luego les prendieron fuego. “Abrazos y no balazos”, “becarios sí, sicarios no”, dice con ingenuidad el Presidente de Morena, AMLO. Como es del sur, necio y cerril, no va a cambiar la “estrategia” contra el crimen organizado. Su “plan y estrategia” es dejar pasar, dejar hacer.

LETRAS MINÚSCULAS

“La muerte sabe a tierra,/ pólvora caliente en el resuello/ de la garganta enhiesta…” Versos poderosos del poeta y marinero tuerto Phillipe Lowell. La muerte en México, sabe a pólvora…