De muchos nombres, sí.

La gente habla preferentemente del “coronavirus” porque es expresión más plástica e imaginativa.

Otros, no pocas veces, confunden enfermedad con virus y hablan del COVID-19, que es la enfermedad como si fuera el nombre viral. Y pocos mencionan por su nombre a la molécula SARS-COV-2, a quien los más simplistas llaman “el bicho”, ignorando que no es un ser vivo sino un ente molecular que secuestra el poder reproductor de células vivas pulmonares.

Este producto plurinominal parece tener un pasado turbio y hay científicos que no le reconocen un origen natural sino artificial. Sus características suponen, según ellos, un paso por manipulaciones de laboratorio. Después de que, según noticias, se libraron 20 mil personas ya puestas en los tubos para retardar su fallecimiento, y pudieron dejar el hospital y normalizarse, se ha dado gran importancia a las autopsias realizadas en Italia. Descubrieron que quienes habían muerto, no había sido tanto por un problema respiratorio sino circulatorio. Y se cambiaron protocolos para usar anticoagulantes y desinflamatorios. Lo que mataba eran los trombos obstaculizadores.

Parece que el COVID-19 será enfermedad estacional. Que el acceso a la normalidad podría aplazarse hasta por año y medio. Los plazos dependen mucho del avance de tratamientos y futuras vacunas. Tendrá que llegar a practicarse pruebas en gran extensión poblacional para no caminar a tientas. Podrá llegar una inmunidad grupal, pero su nivel y duración son todavía dudosos. La vacuna de China, en proceso, ya probó la producción suficiente de anticuerpos. Faltan pruebas más numerosas y dirigidas hacia los más vulnerables para ir precisando dosis.

DEPURACIÓN DOMÉSTICA

Como en el tiempo de las persecuciones romanas fueron las catacumbas, donde estaban las tumbas de los mártires, los sitios en que se depuró la fe, así también ahora, el quedarse en casa para muchos bautizados ha sido un tiempo no de invernadero sino de forja interior. Más contacto con la Palabra revelada, más oración familiar, más participaciones en asambleas litúrgicas celebradas y televisadas desde templos vacíos. Y se aprovecharon cursos de profundización y servicios actualizados de formación e información.

En las pequeñas comunidades familiares, dentro de la guía de los apóstoles, se dio el comienzo de la comunidad eclesial. Fueron unos primeros pasos verdaderamente cimentadores y la descripción que se hace de ellas en el libro de los Hechos es todavía un modelo estructural y funcional para el caminar juntos, como fruto de la evangelización. Así fueron surgiendo los ministerios laicales valorados y reforzados en el Concilio Vaticano II.

DE LA CARENCIA A LA CREATIVIDAD

Después de un evento que golpea puede venir un estrés postraumático. Le puede pasar a una persona o a una sociedad. Pero también puede venir un tiempo de creatividad motivado por la carencia experimentada.

¿Qué virtudes, qué actitudes, qué valores podríamos considerar indispensables en el tiempo que sigue a una mundial crisis sanitaria y económica? La lista de Leonardo Boff es muy sugestiva: Saber cuidar, no maltratar. Tener un sentido de pertenencia a la Creación, al planeta, a la época. En todo ser solidarios y cooperadores. No sólo querer ser libres sino también responsables, no sólo reclamar derechos sino aceptar obligaciones. Como un derecho y como un deber, practicar la hospitalidad. Y saber convivir; pero esto de todos y con todos. Vivir la incondicionalidad del respeto. Luchar por la justicia y la igualdad universal. Ser buscadores y constructores de paz y cultivar el sentido espiritual de la vida. Es un decálogo inspirador.

Kintsugi o Kintsukuroi es una técnica de origen japonés para arreglar fracturas de la cerámica con barniz de resina, espolvoreado o mezclado con polvo de oro, plata o platino. Cada quebradura es ahora un esplendor de belleza deslumbrante...

Luferni

Columna: Claraboya

El autor de Claraboya, quien ha escrito para Vanguardia desde hace más de 25 años, intenta apegarse a la definición de esa palabra para tratar de ser una luz que se filtra en los asuntos diarios de la comunidad local, nacional y del mundo.

Escrita por Luferni, que no es un seudónimo sino un acróstico, esta colaboración forma ya parte del sello y estilo de este medio de comunicación.