Ilustración: Alejandro Medina
En los últimos años Latinoamérica registró niveles de crecimiento económico modestos, pero EU y Europa estaban estancados, ¿por qué hay protestas por todos lados?

Reflexionando a vuelo de pájaro cómo han vivido los países de América Latina en lo que va del siglo 21, una imagen se impone, el péndulo. En este lapso los modelos económicos y los cambios de gobierno se fueron a los extremos, los liderazgos de izquierda y derecho se alternaron sin llegar a moderar sus estrategias de combate a la pobreza y reducción de la brecha económica.

Sin embargo, el vaivén del péndulo de la historia ahora se mueve para advertir de una extendida; es decir, peligrosa, ola de violencia que ha tomado las calles del subcontinente, por diferentes causas y distinta intensidad.

Nada menos este fin de semana, en Bolivia, fuentes oficiales declararon que se estaba gestando un golpe de Estado para derrocar al muchas veces reelecto presidente Evo Morales que padece, aseguran, el embate de una clase dominante que se resiste a que siga al frente del país el mismo mandatario.

El rumor de un golpe de Estado en Bolivia encendió alarmas en diversas partes porque la posibilidad de que se concrete ese escenario es absolutamente posible en las actuales condiciones sociales y políticas de Bolivia, pero también de otras naciones latinoamericanas.

Nicaragua es un candidato. La represión del presidente Daniel Ortega -otro dirigente de izquierda- contra sus opositores ha sido despiadada. En Masaya, fuerzas leales a Ortega entraron y tomaron el control de la ciudad de forma salvaje.

En contraste un presidente de derecha, el chileno Sebastián Piñera, ve desde hace un mes cómo arde su país luego que el pueblo se levantó contra la desigualdad. Presidente por segunda vez, Piñera reconoce la necesidad de construir un sistema más justo e igualitario pues, considera tras 30 años de avance económico, surgió una clase media pujante que, más como en Europa que en Latinoamérica, exige mayor movilidad social y más oportunidades.

Ecuador es otra luz encendida, luego que el presidente Lenín Moreno, ex vicepresidente de su antecesor Rafael Correa, están enfrentados y las protestas por todo el país son atribuidas a Correa, y el gobierno ha respondido con una represión extrema.

Alberto Fernández acaba de ser elegido presidente de Argentina, con Cristina Fernández de vicepresidenta; entre sus retos, dado su auto proclamado perfil progresista, está obviamente vencer la pobreza y “crecer con dignidad”.

Venezuela, ya se sabe en un permanente estado de guerra. Las protestas son aisladas pero constantes y quizá la más reciente novedad es la gira de Nicolás Maduro a Rusia. Busca ayuda donde sea.

La liberación de Luiz Inácio Lula da Silva después de 580 días en prisión ha reanimado a simpatizantes en todo el subcontinente, aunque sus posibilidades reales de volver a la Presidencia de Brasil son pocas.

Ya hay voces, sin embargo, que creen que existe un factor nuevo para impulsar un bloque progresista, el presidente Andrés Manuel López Obrador. México es una potencia emergente, señalan analistas.

Lo que no comentan es que, nuevamente, el encuentro de políticos “progresistas” del llamado Grupo Puebla, que se celebró este fin de semana, la ausencia de AMLO la cubrió el canciller Marcelo Ebrard. Es difícil ser un líder internacional sin salir del País.