El primer trimestre de 2020 ha sido una especie de tornado interminable. La vorágine informativa, tragedias, escándalos, homicidios violentos, escenarios de guerra, el miedo, todos sucesos y acontecimientos que parecen no tener un descanso.

“Sorpréndeme, 2020”, era una frase que muchos escribieron antes de la última campanada en 2019 y parece que ahora muchos quisieran resetear el año. Enero nos vapuleó, febrero nos dio una especie de respiro contra las cuerdas y marzo nos ha zarandeado.

En lo local y nacional, el 2020 nos espabiló en enero con la tragedia del colegio Cervantes de Torreón, donde un niño de 11 años mató a su maestra, disparó contra sus compañeros y después se suicidó. El caso conmocionó al País y provocó miedo en las familias de La Laguna.

Los feminicidios en México sacudieron a la sociedad, especialmente a las mujeres: Ingrid, Fátima por mencionar dos casos del reflector nacional; la niña Karol de 5 años y María Guadalupe de 22 años en el ámbito local. Todas historias que causaron indignación, enojo, coraje, rabia, impotencia; historias que desembocaron en una marcha emblemática el 8 de marzo y un histórico paro nacional de mujeres el día 9. El acto pareció despertar a una sociedad machista, patriarcal y estructuralmente oxidada. Pero la violencia contra la mujer persiste.

Nos tuvimos que tragar un teatro llamado “rifa de avión presidencial” hasta que lo vomitamos. Nos indignamos con la falta de medicamentos y de insumos en los hospitales.

En el plano mundial, Estados Unidos mató al comandante iraní Qasem Soleimani, y todos estábamos en alerta esperando por una guerra mundial. Después Irán aceptó que derribó un avión ucraniano y sólo contábamos las horas para que el mundo explotara.

Vino el juicio político a Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, uno de esos acontecimientos políticos de los que el mundo también tiene puestos sus ojos.

Sucedieron los incendios en Australia y todos lloramos al ver cómo consumían los bosques y morían los animales.

Apareció el coronavirus. Lo veíamos lejano en China, ahora tiene paralizado al mundo.

El peso tuvo su peor trimestre frente al dólar desde 1995 y cayó 26 por ciento (El Economista). Wall Street y los mercados en Estados Unidos cerraron el peor trimestre desde la crisis de 2008, el Dow Jones tuvo el peor trimestre de su historia y las bolsas europeas también registraron un trimestre de terror.

La crisis del COVID-19 nos llevó al encierro, al miedo, la paranoia y el furor. Nos relegamos a las casas, dejamos de ir a las escuelas y de ir a tomar una cerveza el fin de semana. Nos miramos entre cubrebocas, nos asustamos con un estornudo y ya no nos podemos dar ni un apretón de manos.

Por si fuera poco, nos quedamos sin deportes, sin ligas de futbol ni de básquetbol, ni el inicio de las grandes ligas, no veremos a Roger Federer en Wimbledon y se dio el anuncio de la postergación de los Juegos Olímpicos.

AL TIRO

Según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, enero y febrero registró 4 mil 663 homicidios dolosos, pero marzo ya ha sido el más violento, por lo que la cifra del primer trimestre podría cerrar en más de 7 mil muertos, una especie de pinchazo al toro moribundo. En el primer bimestre sumaron 164 feminicidios en el País.

En Coahuila los homicidios dolosos persisten, la violencia familiar no se puede detener y las carpetas abiertas por narcomenudeo siguen incrementándose.

Se terminó el primer trimestre del año. ¿Será el peor primer trimestre de la historia? Para muchos sí. Pero la crisis del COVID-19 no parece tener horizonte, la economía está por los suelos y no parece existir rumbo financiero. Quizá este primer trimestre de horror sólo sirvió para prepararnos para algo peor.