El proceso para votar parece absolutamente seguro en términos sanitarios | Foto: Omar Saucedo
Así fue votar en la entidad por la renovación del Congreso del Estado

Saltillo.- El protocolo sanitario se aprecia de inmediato al llegar a la casilla de votación: personal del INE y el IEC -que ante la escasa afluencia de electores resulta suficiente- auxilia rápidamente a los electores para indicarles la casilla que les corresponde, de acuerdo con la primera letra de su apellido paterno.

Antes de ingresar al espacio donde espera la boleta, una persona solicita que muestre la credencial para votar y pronuncia en voz alta mi nombre para que quienes están dentro (funcionarios de casilla y representantes de partidos y candidatos) puedan corroborar que aparezco en la lista nominal. Luego me entrega un crayón que sostiene envuelto en una toalla sanitaria.

Dentro de la casilla todo mundo usa cubre bocas. Algunos portan, además, caretas y guantes. Al llegar frente al presidente de la mesa directiva de casilla este me indica que coloque la credencial sobre la mesa para leer el nombre completo, localizarme en su cuadernillo de votantes y colocar un sello con la palabra “votó” a un lado de la imagen de mi credencial.

Enseguida, desprende una boleta del block, me la entrega, y me indica que pase a la mampara para votar. De reojo veo cómo, usando una pluma para no tocarla, mueve la credencial hacia su derecha, donde se encuentra la persona que le hará una muesca con el número “20” en el recuadro destinado a elecciones “locales y extraordinarias”. Es la octava marca que le han colocado a mi credencial.

Entro a la mampara, emito mi voto, doblo la boleta, salgo y la deposito en la urna dentro de la cual puede verse un buen número de sufragios. En la mesita ya está mi credencial marcada, la tomo y me retiro.

El proceso me ha parecido absolutamente seguro en términos sanitarios y no me tomó más de tres minutos concretarlo. Una sola cosa llama la atención: nadie, ni los funcionarios de casilla, ni los representantes de partidos, han considerado necesario que me retire la mascarilla para asegurarse de que soy la misma persona de la foto en la credencial. Creo que apenas voltearon a verme.

No vi a nadie conocido y nadie pareció identificarme, pero todos confiaron en que el tipo de credencial y yo éramos la misma persona. Una muestra inusual de buena fe, para un sistema electoral construido alrededor de dos elementos: la desconfianza y la certeza de que todo mundo hace trampa.

Debe ser un efecto secundario (positivo) de la pandemia del Coronavirus.