La separación de poderes que caracteriza a un estado democrático moderno no la veo en nuestro País; nunca la he visto. ¿Usted sí? Lo que veo desde que tengo conciencia es un sistema vetusto en el que se conjugan todos los males: político, judicial, económico y social al que hemos ido alimentado en cada proceso eleccionario. Se trata de un sistema que se retroalimenta con sus propias inmundicias, en el que la justicia se politiza y la política se judicializa. ¿Sabe por qué? Porque simple y llanamente: no existe independencia entre los tres poderes. Seguimos con este lastre odioso, oprobioso, deleznable, del presidencialismo.

Esto ha engendrado corrupción e impunidad absolutas, que han trascendido lo público y sentando sus reales en lo privado. Ser corrupto se ha vuelto un modus vivendi aceptado… no tolerado… aceptado, y quien no le entra es un pen…Discúlpeme la tentativa de palabrota, pero describe perfectamente lo que quiero transmitirle a usted que hace favor de leerme. Se adoptan medidas que se sabe perfectamente son contrarias a la ley; se otorgan nombramientos para cargos públicos de mucha envergadura a personas inadecuadas, para decirlo de manera educada; se aprueban leyes que por supuesto no van a abonarle nada al Estado de Derecho… Hoy está sucediendo esto… ¿Y qué? La corrupción le va de perlas a partidos y a políticos sin escrúpulos que abundan –sin distingo de colores–, que lucran y se benefician sin vergüenza alguna de fondos públicos y que jamás serán castigados. No fueron llamados a cuentas en administraciones anteriores y en la actual ya se dijo por parte del presidente Andrés Manuel López Obrador, que tampoco. Puro amor y paz.

El Poder Legislativo que representa a la soberanía del pueblo y a las entidades federativas en un régimen federalista como el que existe en México, nomás “vive” en el papel, en el mundo real la mayoría antes priista y ahora morenista, está supeditada al Poder Ejecutivo. No hay independencia, como no la hay en el Poder Judicial que está politizado. El pueblo no manda, el que manda es el gobierno, el pueblo no es soberano, eso es una falacia; el pueblo obedece. Lo que tenemos es un engendro jurídico que identifica sufragio universal con democracia. ¿Cuál democracia? La democracia se nutre de participación ciudadana, y aquí lo que abunda es población a secas, no ciudadanos. Y la posibilidad de que la hubiera, la mataron hace unas semanas en las cámaras controladas por el Presidente de la República. Falta que pase por los congresos locales, pero a como se ve, tendrá el espaldarazo… ¿A qué me refiero? A la reforma educativa… Réquiem.

Infortunadamente en la desaseada cultura política imperante el deseo de gobernar no se vincula con la defensa de lo público y la preeminencia de los intereses de la nación, sino en cómo se aprovecha lo público con fines clientelares. ¿Qué no? Ahí están el reparto de dádivas y la creación de un sindicalismo paralelo, ahora con la impronta de Morena. En un país de leyes y leguleyos, estamos inundados de normas que no transforman la realidad, todo se reduce a la consabida y manoseada retórica por la que tiene fascinación el respetable. La legitimidad no se adquiere por haber obtenido 30 millones de votos ni la mayoría en las Cámaras, esta administración se la va a tener que ganar, si es que le interesa, en sus hechos, con su actuar. México hoy es un río revuelto, azotado por estridencias y vientos huracanados, presa fácil para la desinformación y las mentiras. Las irresistibles mentiras se meten sin problema en el flujo permanente de tanta información como la que discurre en los medios tradicionales y ahora en las redes sociales, desde donde se construyen y se destruyen vidas y honras. El prestigio y la respetabilidad se los pasan por el ciberespacio sin contemplación alguna. El populismo ha creado su propio ecosistema.

No veo en el corto plazo, disposición en las Cámaras de allanar acuerdos para enfrentar las distintas problemáticas y desafíos internos y externos que tiene el País. Lo que abunda es la soberbia, el “engallamiento” de la mayoría morenista en la que sin duda hay legisladores con experiencia por los muchos años de oficio parlamentario, pero les gana el hígado y el protagonismo… y con semejantes ingredientes no se puede construir gran cosa. Y si a esto le suma una oposición que no se ve, que le ha faltado inteligencia y sagacidad para entender que el tamaño del elefante no es lo importante…pues estamos aviados para la debacle.

No hay nada nuevo bajo el sol moreno.