Desgraciadamente, el ‘pulmón’ más importante de nuestro planeta sucumbe entre llamaradas y el horror de miles de seres vivos que habitan entre sus brazos; la Amazonía ha perdido una muy importante parte de sí, y la humanidad entera repta desesperada y confusa, entre el caos que esto representa

El 60% del gran territorio que ocupa la amada en cuestión pertenece a Brasil. Siendo esta una gran transmutadora de dióxido de carbono a vida, le debemos más de lo que imaginamos al escuchar su nombre y compartir en redes el siniestro que la devasta desde hace más de 15 días.

Según Paulo Moutinho, científico del Instituto de Investigación Ambiental de la Amazonia (IPAM), el incremento de los incendios se agrava cada vez más debido, principalmente, a la deforestación desmesurada, golpeando directamente al presidente brasileño, Bolsonaro, y a su enclenque argumento que culpa a la sequía natural y la falta de lluvia; Moutinho asegura que la escasez de lluvia es habitual en esta época el año, por lo que el señalamiento del mandatario sudamericano pierde validez total.

¿Quién pierde?

El mundo entero; pierde la flora y la fauna regional, pero también el balance ambiental mundial. Perdemos los seres humanos un gran transformador natural; decenas de miles de especies propias del hábitat pierden su hogar y sus vidas. Pierde la Tierra y sus habitantes con ella.

Perdemos en la forma que respiramos; los gobiernos inconscientes pierden económicamente, pues la reconstrucción de la naturaleza cuesta mucho más que la de un edificio dañado, amén de los gastos humanitarios para los pueblos aledaños a las zonas siniestradas.

Perdemos los estribos al tiempo que cae uno por uno los árboles calcinados y los pequeños animales violentados por la inconsciencia humana: la tala desmedida de árboles, la conquista del concreto sobre el rico suelo de tierra y abono.

Los poderes políticos de los gobiernos implicados en territorios de ‘el gran pulmón’ pierden credibilidad; la gente llora la pérdida del verde que ha sido sometido por el rojo y el amarillo pánico del fuego.

Moutinho explica la desalentadora verdad que no queremos ver: "En el Amazonas, las llamas actúan a nivel del suelo, pero esto es suficiente para causar la muerte de árboles muy grandes, hasta dos años después del incendio. Los árboles muertos pierden sus hojas, lo que hace que entre más la luz del sol en la selva, y que a su vez la vegetación se vuelva más inflamable".

Hasta ahora se estima que han sido destruidas 500.000 hectáreas de bosque entre Brasil y Bolivia, y se ha empezado a extender hacia Paraguay y Perú.

¿Es momento de llorar y lamentar? Sí. ¿Es momento de actuar y retomar la responsabilidad que nos corresponde como entes cuidadores de nuestra Tierra? Absolutamente, sí.

En las redes se habla y poco se actúa; la importancia de la visibilidad y concienciación no debe ser jamás sobrepuesta a la acción y las medidas tangibles para remediar los problemas.

Sin embargo, millones de internautas se disputan el primer sitio en el activismo ecológico: algunos comparten imágenes falsas de animales muertos e incinerados (dejándose llevar por la ola de emociones que vibran en todo el mundo). Algunos comparan con total enfado la supuesta importancia inadecuada que se le ha dado a los siniestros de la Mazonia, con los actos de magnates que donaron recursos para la restauración de la también incendiada catedral de Notre Dame, en meses pasados. La gente ofende, la gente se indigna, la gente celebra noticias falsas, la gente discute; nuestra madre Amazonía sigue ardiendo…

Teorías funestas, acciones incomprendidas y el lodo de la política que invade territorios sagrados

“Las ONG perdieron dinero, el dinero que venía de Noruega y Alemania. Están desempleados. ¿Qué necesitan hacer? Intentan derrocarme” dijo Bolsonaro a un cúmulo de periodistas, en Brasilia.

El mandatario brasileño ha despertado las quejas de centenas de ONG’s acusadas por él mismo de haber provocado el horror del fuego; “¿Quién lleva a cabo esto? No lo sé. Agricultores, ONG, quien quiera que sea, indios, quien sea”. Los árboles siguen cayendo de par en par, y, entre ellos, miles de animales de un bosque que algún día consideraron hogar.

El director del Programa para Amazonía del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés), Ricardo Mello, aseguró que en la región de la Amazonía no existen procesos naturales que provoquen incendios, por lo tanto, el incremento es por la acción directa del ser humano, pero en Sudamérica, como en todo el mundo, los políticos creen más en sus propios fantasmas personales y sus convicciones inadecuadas, que en los hechos tan evidentes y lamentables.

Hace poco, el presidente Bolsonaro declaró un piropo a la insensatez humana: “La Amazonía es nuestra, no suya” … La Amazonía sigue ardiendo.