Si algo nos ha demostrado el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, es que una batalla no se pierde hasta que se abandona. Por ello, haciendo uso de las libertades que en breve le tocará garantizar, estoy seguro que apreciará a quienes luchemos por lo que en nuestra convicción es lo mejor para el país que amamos y queremos ver prosperar.

Debemos hacer lo correcto, todavía estamos a tiempo de optar por continuar y concluir el nuevo aeropuerto en Texcoco.

La severa saturación del principal aeropuerto del país, cuya capacidad no es posible incrementar significativamente, representa un grave riesgo de frenar el desarrollo del mismo. En especial de la aviación y el turismo, dos sectores que han sido motores de la economía, generando millones de empleos en los últimos años.

Evitar este escenario nos llevó décadas de estudios y consultas con los mejores expertos y organismos nacionales e internacionales especialistas en la materia. Incluso el presidente electo solicitó hace poco el apoyo de la UNAM, el IPN, los colegios de ingenieros y de pilotos, así como de empresas del ramo y nuevos organismos internacionales para informarse al respecto.

En todos los casos la conclusión ha sido muy clara, Texcoco es la mejor opción y la única si queremos resolver el problema de fondo. Santa Lucía ni siquiera es opción, compararlo con el NAIM es como comparar un automóvil de última generación con una carreta, en teoría sirven para lo mismo, pero el servicio que brindan es incomparable.

Y esto lo tenemos muy claro, ya que llevamos al menos una generación reflexionándolo y trabajando para hacerlo realidad. De acuerdo con las encuestas levantadas bajo una metodología que garantizara su imparcialidad, el NAIM es el proyecto por el que se pronunciaron la mayoría de los mexicanos.

Un aeropuerto moderno es parte de nuestro futuro como sociedad y de la solución que por fin hemos encontrado los mexicanos a uno de nuestros problemas históricos. Que se haga un escrutinio a conciencia y si se llegan a encontrar actos de corrupción, que se castiguen con severidad y no se perdonen, pero darnos un balazo en los pies es un sinsentido.

El NAIM se paga solo, no se requieren recursos públicos para juntar los 88 mil millones de pesos que faltan para concluirlo. En cambio, se estima que su cancelación costaría hasta 200 mil millones de pesos, por lo que cancelarlo es mucho más caro que acabarlo, además de que nos quedaríamos sin aeropuerto.

Pero más graves serán los costos por la pérdida de confianza en el país. La reacción de los mercados se debió a un aumento inmediato en el riesgo país, algo que sucede cuando una empresa, o en este caso un país, se percibe como más riesgoso y menos seguro para invertir, lo que eventualmente se traduce en el encarecimiento de todo tipo de créditos.

Las primeras consecuencias se reflejarán en el presupuesto público. Por ejemplo, los 30 puntos base que subió el riesgo país significarán unos 12 mil millones de pesos adicionales al año para cubrir el pago de intereses de la deuda externa. Lo anterior implica que en lugar de utilizar recursos públicos para escuelas, hospitales o gasto social, se utilizarán para pagar este incremento en el costo de la deuda.

Además, todos los ciudadanos resentiremos el deterioro en la percepción de riesgo al enfrentar mayores tasas de interés. Después de que se anunció la cancelación de NAIM, la tasa de interés de los bonos gubernamentales emitidos en pesos con plazo a 10 años se elevó 38 puntos base a 8.9% en un solo día, algo que no tardará en reflejarse en los créditos hipotecarios. De igual forma, la tasa de cetes a 28 días, que es la referencia para créditos personales y de consumo, subió a su mayor nivel desde 2009.

Por otra parte, están los miles de empleos que se perderán de inmediato y los que dejarán de crearse si se abandona el proyecto en Texcoco. Desde esta semana, diversos analistas han estado revisando a la baja en alrededor de medio punto porcentual sus pronósticos de crecimiento del PIB mexicano para 2019, esto equivale a 115 mil millones de pesos, más los impuestos que el gobierno dejará de recaudar.

¿Por qué castigarnos así? Ya entendimos que tenemos que ser un país más incluyente, ya entendimos que necesitamos gobiernos honestos, pero también entendemos que la ineptitud y la ineficacia son una forma de corrupción, y que los costos de una mala política son incluso más dañinos para la sociedad que la propia corrupción.

Hacemos un respetuoso llamado a revalorar la decisión del aeropuerto con base en toda la información disponible, y permitir que sean los particulares quienes se hagan cargo del proyecto de Texcoco, algo sobre lo que ya han expresado disposición e interés.

Con ello tendríamos más recursos públicos disponibles para programas de alto impacto social, y se contribuirá al ambiente de unidad y concordia que necesitamos los mexicanos.