Foto: Orlando Sifuentes
El sobreviviente habló sobre su experiencia en Nagasaki

Como uno de los sobrevivientes de las bombas atómicas con que los Estados Unidos atacaron Japón al final de la Segunda Guerra Mundial, Yasuaki Yamashita se ha dedicado los últimos 25 años a hacer consciencia sobre el uso de estos armamentos en el mundo.

Su participación en la Feria Internacional del Libro Coahuila 2019 es parte de esta misión, y el pasado 18 de mayo en el Foro de Escritores Coahuilenses compartió con una sala llena su experiencia durante y después del ataque a su ciudad natal, Nagasaki.

“Si dejamos de hablar, aquella tragedia de 1945 podría volver a suceder en cualquier parte del planeta”, expresó el japonés al comenzar su charla, “la situación no es nada fácil, se puede repetir, pero nosotros no queremos que ninguno de ustedes sufra como nosotros”.

El sufrimiento no es el momento de la destrucción, es el sufrimiento puede continuar la segunda o tercera generación, así que debemos trabajar para que nunca jamás suceda aquella tragedia de Hiroshima y Nagasaki”, agregó.

Yamashita tenía seis años el día que la segunda bomba atómica cayó sobre Japón. Eran cerca de las once la mañana, él iba a ir con sus amigos a cazar insectos al monte cuando comenzó a esparcirse un rumor entre la población de aviones sobrevolando la ciudad.

En aquel momento no eran ajenos a las calamidades de la guerra, pero nunca habían sido testigos de primera mano de su violencia, hasta ese día, y tomando las precauciones necesarias su madre lo llamó a entrar a la casa, donde tenían un refugio subterráneo.

Sin embargo, al entrar cayó la bomba y lo primero que vieron fue una luz cegadora ”tan tremenda, muy fuerte, como si fueran mil relámpagos al mismo tiempo”, recordó, “entonces mi madre me jaló al suelo, me cubrió con su cuerpo y sentimos una explosión tremenda y sentimos muchas cosas cayendo encima de nosotros, y luego un silencio total”.

Después, la explosión derribó la casa sobre ellos, pero tanto él como su madre y hermana, que estaban ahí, sobrevivieron, aunque la última con graves heridas en la cabeza producto de vidrios que se le clavaron.

“Gateando llegamos al refugio, mi hermana estaba ahí, estaba llorando”, recordó.

Tras unos minutos de espera, por fin decidieron salir y en medio del paisaje desolado se dirigieron al refugio de la comunidad, donde permanecieron varias semanas hasta que la comida, escasa, llegó a niveles críticos y entonces se dirigieron a casa de unos parientes en el campo, con quienes tampoco encontraron mucho alimento.

A pesar de que lograron sobrevivir a esta primera etapa y al fin de la guerra, en su estatus de sobrevivientes esto fue solo el comienzo, pues luego llegaría una larga lucha contra la discriminación.

La radiación, al principio ignorada por muchos, pronto volvió evidentes sus consecuencias y aquellos que estuvieron en contacto con ella fueron objeto del repudio por otros. Yamashita tuvo suerte, pues sólo sufrió anemia en su adolescencia y juventud, otros murieron de maneras trágicas.

“Los sobrevivientes mujeres sufrieron mucho más que los hombres. Las mujeres ocultaron su identidad para no decir que eran de Hiroshima y Nagasaki. Algunas formaron una familia, tuvieron hijos, pero cuando descubrieron que eran de Hiroshima o Nagasaki, divorcio, familias destrozadas y muchísimas mujeres no pudieron aguantar esa discriminación y escogieron el suicido”, expresó.

El mismo fue objeto de esta discriminación, y así continuó relatando las consecuencias de un acto bélico sin precedentes, con la intención de evitar que se repita de cualquier forma en el futuro, en una de las principales actuaciones de la FILC 2019.