Confesión. “Leer un libro es como estar platicando con el autor”, dice Luis Arturo Quintero. Foto: Vanguardia/Mayra Franco
Un hombre que habita de manera diaria las bibliotecas de Saltillo, habla de su experiencia en estos lugares y los vaivenes del hábito de leer
Aquellos que digan que no les gusta leer, deben buscarle el lado amable, de gozo de placer y seguro lo van a encontrar”.
Luis Arturo, lector

Texto: Christian Martínez  /  Fotos: Mayra Franco

 

 

Un libro de Stephen Hawking estaba entre sus manos. La biblioteca resguardaba al movimiento sigiloso de los pocos visitantes. Don Luis Arturo Quintero hojeaba para toparse con los avatares del tiempo y del espacio registrados por el teórico astrofísico. Vestía con una sencilla sudadera color gris opaco y una gorra blanca. El sol se filtraba por los estantes en donde decenas de libros descansaban después de ser clasificados.

Quintero Pulido tiene 60 años y una voz tenue como el sonido que dejan las hojas de los árboles tras ser removidas por el viento. Se muestra introvertido. Es una habitante de las bibliotecas y de los libros que hay dentro. Narra la experiencia de ser un lector ávido que ha pasado horas incalculables con los ojos entre las páginas y sus solapas. Lee desde los seis años. 

El ingeniero agrónomo de profesión, antes de la entrevista, confesó que gran parte de su vida la dedicó al periodismo. Hace apuntes a un costado de los textos leídos y lee para cultivar amistades. 

Las bibliotecas son lugares que en nuestro país siempre han generado una controversia especial. Tenue, silenciosa. Como una analogía de lo que pasa en su administración. Dan una sensación de que siempre falta algo; son víctimas de los recortes presupuestales al sector cultural y de la rapidez de una era y una generación que lo devora todo pronto, y que no se da el lujo de “aburrirse”. Sin embargo, se agradece que sigan de pie. 

En este país, al parecer, meterte una línea de coca es mucho más sencillo que fumarte “Muerte sin fin”, de José Gorostiza, y fumarse un cigarrillo de mariguana es mucho más sencillo que esnifarte algunas líneas escritas por Eduardo Milán, al menos esto dicen las cifras de lectura y la falta de visitantes a las bibliotecas, contra los números de los jóvenes en las casas de rehabilitación y los centros de salud mental.  

El Día Nacional del Libro se decretó, según la plataforma del Gobierno Federal, en el año de 1979, en la administración de López Portillo. Ahora, cada 12 de noviembre se celebra al “objeto libro”, en el marco del nacimiento de la gran mujer mística mexicana Sor Juana Inés de la Cruz (1651), una de las mentes más prodigiosas que ha dado este territorio. 

Con este tema sale a relucir una pregunta que algún día hizo un maestro en la Escuela de Literatura ¿Cuándo se celebrará el Día del Lector?

Listo para la entrevista, el hombre se dispone a contar de qué se trata ser un lector y cuáles son los motivos que los llevaron a serlo.

¿Por qué lees? 

“Esencialmente, creo que todos leemos, sin excepción, por dos motivos. Uno: por responsabilidad u obligación si estamos estudiando algo o tomamos cualquier curso de capacitación. Dos: por placer. 

“Generalmente cuando lo hacemos por obligación es porque buscamos un conocimiento de una disciplina, y por placer, es por disfrutar del arte de la literatura. Leer poesía o prosa, es maravilloso. Nos abre la imaginación. Nos ayuda a conocer a personas que nunca hemos visto y que tal vez nunca vamos a conocer en la vida.  

“Escribir algo implica casi una confesión del autor. Es dar a conocer algo que tal vez no se repita. Porque tal vez requiere un cierto conocimiento o una cierta inspiración.   

¿Qué hay en los libros? 

“Pues me he topado con todo. Muchos autores señalan que el libro es como un hijo: en el momento que lo escriben ya no les pertenece. Es de aquello de quienes lo leemos. Yo creo eso: sentimos parte de la mentalidad, del alma del autor tras el libro. 

“Inclusive, al hablar con los autores en persona, no trasmiten lo que trasmiten en los textos. Por eso hablo de “cierta inspiración”. Creo que todo libro, aun el que digan que no sirve, tiene una utilidad si la sabes ver, captar. Es la voz de alguien, el sentimiento de alguien. Para mí es como si estuviera platicando con él”. 

¿Cómo ha influido la lectura en su personalidad?

“Creo que son dos cosas. Siempre me ha gustado imaginar cosas desde la infancia y ver cosas que otros no ven. No creo que sea una cualidad, porque todos la tenemos. Pero nuestros enfoques son diferentes, lo cual es lógico, pues nadie es igual a otra persona. 
“Busco nutrir la imaginación y he buscado aplicarla en la realidad aunque sea de una manera humorística. Busco que se traduzca en algo útil para mí y para los que me rodean. Se los digo, buscando que no se ofendan o molesten, y si les interesa, eso me ayuda a conocer otros seres, otros humanos en cualquier momento. Se diría que busco una manera de cultivar amistades”.

¿Por qué es necesario un lector en el mundo?

“¿Leer? Yo creo que todos leen y no todos entendemos lo que todos leen y otros escriben. Yo creo que es parte de la vida. Si no nos comunicamos, es muy difícil convivir. 

“Aun las personas más aisladas, lo digan o no, he conocido a muchos, logramos entablar una comunicación y una amistad con ellos; por eso digo que es indispensable para todo ser humano comunicarse, y la lectura es una manera, y el hablar es otra. Por eso es importante que la lectura se convierta en un hábito.

¿Qué le dirías a la gente que se topará con esto en el periódico?

“Que busque en su mente, sentimientos, en su alma, ¿Qué es lo que desea de la vida? No nada más en una ocupación o en la comunicación verbal. Principalmente en los libros, porque, por un lado es un testimonio del autor y tenemos la facultad de volver a leerlo para aprender. Cada que leemos un libro, encontramos cosas nuevas y eso para mí es vivir. 

¿Cuál es su opinión sobre las bibliotecas? 

“La biblioteca como tal creo que también debe ser un lugar en evolución. He leído de bibliotecas de todo tipo, de asociaciones civiles, particulares, personales de algún profesionista o científico. Creo que la bibliotecas deben evolucionar con las tecnologías que estamos viendo. 
“Creo que no crecen al ritmo que debieran. Pienso que se debe adaptarse y enriquecerse. 

“Siempre consideran que el problema es el presupuesto, pero creo que el problema es la falta de imaginación, la voluntad de hacer las cosas. Cuando hay voluntad empiezan a surgir ideas y formas de obtener lo que queremos. Siempre es un error estancarse.

“El leer más que nada es parte de nuestra vida y aunque queramos, no lo podemos evitar. Aquellos que digan que no les gusta leer, deben buscarle el lado amable, de gozo, de placer y seguro lo van a encontrar”, finalizó. 

¿Lo sabía?

El Día Nacional del Libro se decretó en el año de 1979, en la administración de López Portillo, en la fecha del nacimiento de Sor Juana Inés de la Cruz (1651).