El título del artículo pertenece al presidente López Obrador; le doy crédito. Y se acomoda al tema que traté en el artículo anterior. No acostumbro publicar artículos secuenciales; ahora debo hacerlo. Parece obligado porque quedaron imprecisas algunas ideas y cometí un error que corrijo.

Un lector me escribió diciendo que a él le parece que ante el pleito entre los hermanos Moreira, Rubén apoyó a Sergio Aguayo para golpear a Humberto. Es una interpretación que parece válida porque deja toda la carga de las masacres y las muchas transgresiones sucedidas en Coahuila a sus años de gobierno. Creo que es indudable que Rubén enfrentó a la delincuencia organizada desde que tomó el poder. Eso no se le puede negar. Sin embargo, dice el que me escribe, que de los tres gobernadores mencionados: Humberto, Jorge y Rubén en realidad no hubo más que uno quien reinó durante 12 años y que se llama Rubén. Son interpretaciones, lo advierto.

Me parece que fui el primero en denunciar lo del préstamo de documentos judiciales secretos a Sergio Aguayo. Lo hice por escrito, como siempre, pero también de viva voz en una reunión frente al Poder Judicial. Estaba en una reunión con las Familias Unidas por Nuestros Desaparecidos en Coahuila. Hubo algunas inquietudes de las mujeres de Allende y Piedras Negras acerca de los sucesos en esas poblaciones durante el quinquenio de Humberto y el año de Jorge Torres. Les respondieron que la investigación estaba en proceso y que pronto se podrían tener datos sólidos sobre el asunto. Yo pedí la palabra para alegar que a las familias no se les daba información mientras que Rubén le había entregado al doctor Aguayo los documentos judiciales del caso Allende, indebidamente, porque mientras no se resuelva el caso debieran ser secretos, únicamente accesibles al Poder Judicial.

En la mesa principal estaba el Lic. José Ángel Rodríguez Canales, de la Dirección de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobierno, quien salió de inmediato. Creí que iba a los sanitarios, pero no. Regresó y leyendo su celular dijo que yo mentía, que nunca se prestaron documentos al sociólogo. Este señor no había ido a orinar sino a pedir línea. El miércoles pasado en Vanguardia apareció un artículo firmado por Sergio Aguayo en el que decía que Rubén le permitió estudiar los papeles del juicio relativo a Allende y que revisó miles. Aguayo lo atestiguó y lo firmó. Lo que digo sucedió en una reunión de alrededor de 50 personas, por ello lo traje a cuento, porque si aquello fue público siento el derecho de también hacer pública mi coincidencia con Aguayo, por consiguiente, yo tenía razón.

¿Confirmaría esto que en Coahuila no hay tres poderes, como lo mandata la Constitución, sino uno solo, que es el ejecutivo? Todo nos lleva a creerlo. Que responda Miriam Cárdenas. Y añado que quien me escribió corrigiéndome dijo que Rubén era uno de los gobernadores más inteligentes. Eso no me toca decirlo, apenas un buen psicólogo podría hacerlo, pero recuerdo que en Estados Unidos se hizo un estudio sobre sus presidentes tomando en cuenta la forma de organizar su discurso, la cantidad de palabras utilizadas, los errores gramaticales y otras cuestiones. El resultado fue que entre los tres más inteligentes estaban Roosevelt, Kennedy y Clinton, y los más tontos eran los tres tejanos: los dos Bush y Johnson. Habría que estudiar las capacidades de nuestros gobernantes.

Acerca de mi error, ahora lo corrijo. El gobernador Montemayor ganó el pleito al comunicador, pero el juez no le cobró millones, como lo dije, sino 300 mil pesos. Agrego que me confirmaron que el gobierno los pagó a los abogados regiomontanos y no a Montemayor.

Sobre los casos Allende y Piedras Negras es necesario saber todo. Lo sucedido no tiene nombre y es, sin duda, uno de los acontecimientos más tristes y vergonzosos de nuestra historia. Y no hay que dejar de lado los hechos de La Laguna, en especial de Torreón y San Pedro. Ahí hubo más muertos que en los antes mencionados. Yo comenté hace tiempo que el relato sobre la “Toma de Torreón”, escrito por Carlos Velázquez en su impresionante libro “El karma de Vivir al Norte”, es un texto perenne sobre lo que es Coahuila.