A principios de 1994, como antecedente del circo televisivo en el que se convirtió primero la captura y después el juicio por asesinato contra O.J. Simpson, otro escándalo mediático hizo historia.

Este tuvo lugar en vísperas de los Juegos Olímpicos de 1994, y consistió en el ataque contra la patinadora norteamericana Nancy Kerrigan previo a un entrenamiento para este evento por un criminal de poca monta contratado por el esposo de la rival deportiva de Nancy, Tonya Harding, teniendo sus punitivas repercusiones para Harding y todos los involucrados en el hecho.

El caso en particular fue la premisa perfecta para “Yo, Tonya” un filme que el mes pasado consiguió tres nominaciones al Oscar y que este fin de semana se estrena en nuestro país el cual a manera de comedia de humor negro cuenta en apariencia la versión de Harding, quien para cuando ocurrieron los desafortunados hechos que mencionamos con anterioridad ya había hecho su propia historia habiendo ganado en 1991 el campeonato estadounidense de patinaje artístico sobre hielo; se posicionó en el segundo lugar en el Campeonato Mundial y fue la segunda mujer –y la primera norteamericana- en completar un salto triple axel con una combinación de loop doble en competencia.

Es así como Harding (Margot Robbie, en una actuación que le valió su primera nominación al Oscar como Mejor Actriz y quien también produce la película) le va narrando al espectador su vida desde cuando pequeña su instigadora madre Lavona Golden (una magistral Allison Janney, muy probable ganadora del Oscar a la Mejor Actriz de Reparto del 2017) la empujó literalmente a ser la mejor patinadora primero de su natal Portland y luego de los Estados Unidos hasta que la sustituye principalmente en cuestión afectiva por Jeff Gilloly (Sebastian Stan, de la serie de películas de “Capitán América”) y quien de tanto amor y sobreprotección termina por  lanzar en forma figurativa a Tonya por un risco para su muerte como patinadora.

“Yo, Tonya” está también nominada a un tercer Oscar a la Mejor Edición que en una de esas podría ganar para la editora de cabecera del director Craig Gillespie desde la también nominada a la estatuilla “Lars and the Real Girl”, del 2007, Tatiana S. Riegel, y es que la mancuerna narrativa de Gillespie y Riegel hace que la cinta tenga un ritmo tan trepidante como armonioso que combina a la perfección películas tan contrastantes en temáticas pero que aquí encajan muy bien por el tipo de historia que se cuenta desde la gangsteril “Buenos Muchachos” (Martin Scorsese, 1990) a la lacrimógena “Castillos de hielo” (Donald Wrye, 1978), con todo y soundtrack de antología de por medio.

Y es que a diferencia del clásico que este año está cumpliendo 40 años de su estreno y que en su momento también estuvo nominado al Oscar “Castillos de hielo”, en “Yo, Tonya” la patinadora protagonista encuentra en el amor no el motor para su realización como persona y como mujer se ve condenada al infortunio que como buen premio de consolación tiene la materialización de esta película que llega en el momento políticamente correcto para la redención de Tonya en el cine.

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