¿Qué hacer con instituciones estratégicamente ubicadas, pero costosas y reacias al cambio?

La semana pasada, el Instituto Nacional Electoral informó, que en el 2020, los partidos recibirán de la Federación, 5,239 millones de pesos. Supera lo recibido en 2019. El presidente sacó del armario una promesa aparcada, le sacudió el polvo y la metió a la agenda mediática. Exhorta a los partidos a reducir en un 50 por ciento sus prerrogativas.

Morena reaccionó de inmediato, aunque desordenadamente: la presidenta, Yeidckol Polevnsky, se entusiasmó con lo dicho por el presidente e incrementó la rebaja a un ¡75 por ciento!; la senadora Lilly Téllez metió su tijera en el tema y propuso ¡70! y Ricardo Monreal Ávila regresó al 50 por ciento original. Los acólitos de Morena, PT y Verde, secundaron la propuesta, ¡faltaría más! aunque en privado, supongo, trinaban por el recorte a sus ingresos.

El trío opositor -PRI, PAN y PRD- se opuso con variaciones de la mexicana expresión “pos sí, pero no”. Se declararon listos para negociar la rebaja, siempre y cuando no se debilite el sistema de partidos. También denunciaron la presunta intención presidencial de “matar de inanición” a la oposición. Esta última frase es de un líder panista y revela el olvido de la militancia y la enorme dependencia del dinero público.

Otro tema de la semana anterior fue la matanza de El Paso. Los partidos la condenaron por unanimidad y responsabilizaron a Donald Trump por su lenguaje. Se dividieron, obvio, sobre la reacción del gobierno federal. Los opositores la tacharon de timorata e insuficiente. Morena y sus acólitos la respaldaron.

El asunto ausente fue lo ambiental. Reprobados. Hace días el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de las Naciones Unidas presentó un informe sobre el impacto del modelo alimentario; consumimos tanta carne que nos estamos comiendo al planeta. Fue noticia mundial, pero ningún partido mexicano ha reaccionado. De hecho, guardaron silencio o sus pronunciamientos fueron irrelevantes.

Para Morena, PAN, PRI y PT la Naturaleza es inexistente. Movimiento Ciudadano informó en redes sobre las acciones de quienes gobiernan con sus siglas. El Verde y el PRD hicieron recomendaciones prácticas a sus seguidores en Twitter -67 mil y 147 mil respectivamente- para luego auto elogiarse. Los Verdes presumieron haber hecho “algo bueno por el planeta” y el PRD lanzó una proclama sin sustento: “¡Somos los que protegemos y defendemos el medio ambiente!”

Con los tres asuntos se re-contra confirma el anquilosamiento de los partidos. Están fuera del debate sobre los grandes temas nacionales. Sus liderazgos son grises y vacíos de contenido; es obvia su distancia del conocimiento y la carencia de centros de investigación. Ocasionalmente aparecen militantes con frases pegadoras o propuestas interesantes, que rápidamente se diluyen en la bruma de las burocracias, sólo preocupadas por el día que llegará el recurso o por su siguiente cargo o negocio.

Rara vez se acuerdan de la ciudadanía o de sus inquietudes y necesidades. La sociedad responde en especie. En marzo de 2019, por ejemplo, los partidos seguían siendo las instituciones más despreciadas (encuesta nacional de El Universal). El exhorto presidencial es acertado, pero insuficiente. Es urgente la rebaja del 50 por ciento de las prerrogativas y la modificación de la abusiva fórmula constitucional, con la cual siempre aumentarán sus ingresos anuales.

La transformación necesita partidos, pero no éstos. México tiene enormes retos y está a la espera de propuestas bien fundamentadas, de quienes presumen representar a la ciudadanía. Si Morena quiere ser el principal sujeto del cambio, debe transformarse primero en la locomotora de la innovación. Lamentablemente, está reproduciendo los vicios de sus padres y abuelos y, la demostración más clara es el respaldo acrítico a los exhortos, sugerencias y órdenes de “ya saben quién”.

La metamorfosis empieza con una reducción en las prerrogativas, pero es insuficiente. Los partidos deben endurecer sus controles de calidad. Ellos se creen indispensables; no lo son. Son zánganos empoderados por el control de los portones de acceso a una vida pública, notable por su mediocridad. Si sus líderes no lo entienden, seguirán siendo expulsados de la transición interminable. 

 

@sergioaguayo

Colaboró: Mónica Gabriela Maldonado Díaz