LA JORNADA
México, D.F. .- La obra de la fotógrafa Loretta Lux puede vincularse con una tradición de retratos, como los de Lewis Carroll o de Julia Margaret Cameron, pero su mirada va más allá de un gesto infantil porque intenta descubrir qué esconde el mundo.
El Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (Marco), albergará a partir del 9 de mayo la exposición Loretta Lux, dedicada a la creadora alemana cuyas fotografías conservan la influencia de su formación como pintora. Aunque no recurre a los grandes formatos para impresionar al espectador, sí motiva a mirar con detenimiento los ojos del niño, la ropa y la posición del pequeño, así como los objetos que lo rodean.

La obra, en comparación con la de famosos retratistas de niños, en la que los personajes emanan un aire misterioso y surrealista, fue realizada por la artista entre 1999 y 2008.

Sus modelos, cuidadosamente escogidos, suelen ser los hijos de sus propios amigos, a los que retrata en un estudio con una iluminación meticulosa, para posteriormente colocarlos sobre fondos previamente elegidos.

Loretta Lux no pretende capturar la esencia cándida y espontánea de los pequeños, puesto que ha manifestado que su fotografía no se trata de los niños, ellos son como marionetas que viste y dirige a su antojo hasta conseguir la escena perfecta.

Los muñecos vivientes de la artista reflejan juventud, inocencia, libertad, tranquilidad de conciencia, quizá hasta una vida simple. La mirada de los niños reales-imaginarios no guarda esa chispa infantil que se apaga con los años, sino que delata un conocimiento adulto, casi sobrenatural.

Los niños que presenta Lux parecen que han visto el futuro que les espera, pero no ríen; al contrario, guardan un secreto en su mirada que inquieta al espectador.



Los escenarios suelen ser minimalistas, pocos elementos arropan a los personajes, que parecen inmersos en un mundo surrealista de colores pastel. La luz que los cubre, muy a la manera de los grandes maestros, los congela en un tiempo y espacio indefinidos, como esperando la eternidad.

La sensación de estar fuera de lugar que se respira en la mayoría de estas obras es intencional pues, considera la artista, todos estamos perdidos en un mundo que no entendemos y somos seres solitarios.

Cada obra de Loretta Lux refleja la gran influencia que tiene la educación en pintura recibida en la Academia de Bellas Artes de Munich y los pinceles de grandes maestros como Bronzino, Goya, Runge y Velázquez.

Búsqueda de nuevas rutas

El curador de Marco, Jorge Contreras, escribe en el catálogo de la exposición que en la obra de Lux, la fotografía abandona sus primeras pretensiones ontológicas de representar algo, detener el tiempo o registrar, ya que emprende un camino distinto: hallar nuevas rutas para la experiencia humana del deseo de vivir.

"Mirada que abre grietas en el mundo, sus fotografías exploran aquello que nos hace conscientes de vivir. Sus fotografías tienen poco que ver con los niños que son sus modelos, tienen más que ver con la creación de un ámbito nuevo de experimentar la propia vida."

La obra de Lux se ha visto en el Museo de Fotografía de La Haya y la sexta Fotobienal de Moscú. Recibió el premio Infinity de Arte del Centro Internacional de Fotografía, en 2005. Y sus retratos forman parte de colecciones en Europa y Estados Unidos.

Loretta Lux es una exposición itinerante que comenzó su andar en el Museo Hague de Fotografía, de La Haya; luego se exhibió en el Musée de l'Elysée, en Lausana, Suiza, donde se adicionó obra más reciente. Para su exhibición en Monterrey se agregan piezas de nueva factura que suman 65.

El Marco invita a explorar las posibilidades de la mirada, la propia y la de los personajes que lo observan desde el muro de la sala. La muestra concluirá en agosto.