La violencia del narcotráfico en México se ha intensificado de tal forma que un número creciente de personas a ambos lados de la frontera con Estados Unidos están protegiendo sus automóviles con blindaje, cristales a prueba de balas y dispositivos que parecen sacados de una película de James Bond, como manijas electrificadas para las puertas y un artefacto que lanza una cortina de humo al presionar un botón.
San Antonio.- Hasta fechas recientes, eran más bien las estrellas cinematográficas, los magnates empresariales y los políticos quienes tomaban semejantes precauciones. Pero ahora, según los dirigentes de la industria, los consumidores incluyen a los dueños de fábricas, médicos, editores de diarios y otras personas que tienen negocios en ambos lados de la frontera y temen por la ola de asesinatos, secuestros y asaltos a los automóviles sumamente frecuentes en el norte de México.

``No hay que ser muy rico'' para necesitar esto, consideró Mark Burton, director general de International Armoring Corp, con sede en Ogden, Utah. ``Esto es casi una necesidad''.

Una compañía de San Antonio espera un crecimiento de 50% en sus negocios este año.

Las modificaciones típicamente cuestan entre 80.000 y 100.000 dólares, y no sólo se realizan en limusinas, sino en autos Toyota o Honda, en furgonetas o en camionetas de pasajeros.

``Creo que necesitamos meternos en un capullo impenetrable'', dijo un empresario que tiene fábricas en Texas y en Ciudad Juárez, México. El empresario tiene dos Chevrolet Suburban blindadas desde octubre del 2007.

La fuente solicitó permanecer anónima pues teme por la seguridad de su familia después de que uno de sus hijos fue víctima de un intento de secuestro.

La guerra entre las autoridades mexicanas y los carteles traficantes de cocaína, marihuana y metanfetaminas en el país latinoamericano ha dejado 1.000 muertos tan sólo en lo que va del año. En el 2008, tan sólo en Ciudad Juárez, hubo más de 1.100 asesinatos.

Las bandas criminales han matado a policías, militares y civiles desde Cancún, en el Caribe, hasta Tijuana, en la frontera con California, mientras luchan por el control de las rutas para el tráfico de estupefacientes.

Los clientes del blindaje no sólo lo solicitan para la carrocería, sino que pueden adquirir también neumáticos capaces de seguir rodando pese a encontrarse reventados, y cristales a prueba de balas, que se estrellan pero no se rompen en pedazos, ni siquiera con el disparo de un fusil de asalto AR-15, una de las armas predilectas de los narcotraficantes.

Otros consumidores compran un paquete que puede transformar una furgoneta o vehículo deportivo-utilitario Ford F-150 en algo más propio de una película de Batman. Un botón emite una cortina de humo blanco, que facilitaría el escapar en una persecución.

Si ello no resulta, el conductor puede esparcir clavos para reventar los neumáticos del perseguidor. Y si el atacante llega al vehículo, las manijas electrificadas pueden darle una descarga que no es letal.

Jorge Valencia, quien ha trabajado en el negocio de la seguridad en México durante buena parte de las últimas dos décadas, dijo que su compañía adquirió su primer auto blindado a mediados de la década de 1990 pero era principalmente para los políticos y representaba sobre todo una medida de precaución.

Actualmente, el peligro es mucho mayor, consideró, y destacó que muchos secuestros ocurren incluso en lugares públicos.

``Las calles principales en Ciudad Juárez tienen asesinos a mediodía'', dijo Valencia, quien no quiere que el nombre de su empresa se mencione por temor a poner en riesgo a sus clientes.

Las empresas que instalan partes a prueba de balas han visto florecer también su negocio en México. Pero algunos empresarios, como el dueño de la fábrica en Ciudad Juárez, quien vive en Estados Unidos, consideran que es mejor el blindaje en Estados Unidos.

Bajo los términos de una regulación del 2004, las empresas estadounidenses necesitan una licencia de exportación del Departamento de Comercio para enviar al exterior un automóvil blindado. La regla busca impedir que los narcotraficantes y otros criminales adquieran esos vehículos.

Antes de la regla, Trent Kimball, director general de Texas Armoring Corp, con sede en San Antonio, ponía placas blindadas en vehículos para un consumidor que aseguraba ser hacendado. Después, Kimball debió testificar durante el juicio de ese cliente por tráfico de drogas.

Texas Armoring, que comenzó en la década de 1970, blindando limusinas y otros vehículos para los líderes mundiales, produjo unos 100 automóviles con esas características el año pasado y espera completar 150 este año, dijo Kimball.