Cannes, Francia.- Woody Allen está encantado con "Vicky Cristina Barcelona", su última película, que se estrena hoy en Cannes, y especialmente con dos de sus protagonistas, la pareja formada por Javier Bardem y Penélope Cruz, a los que calificó de "exóticos", "extremos" y "grandes actores".
Incluso llegó a decir que le gustaría "poder ser como Javier en esta película", una comedia romántica en la que interpreta a un carismático pintor que mantiene su relación con su ex mujer (Penélope Cruz) mientras se mezcla en una enredo amoroso con dos jóvenes estadounidenses (Scarlett Johansson y Rebeca Hall).

En una entrevista con un grupo de periodistas apenas cuatro horas antes del estreno de la película en el Festival de Cannes -aunque fuera de competición-, Allen, muy relajado y cercano, alabó el trabajo realizado por todos los actores de la película, pero especialmente los españoles.

Justificó la elección de los dos intérpretes españoles porque las jóvenes norteamericanas (Johansson y Hall) de la película "vienen a esta maravillosa ciudad (Barcelona) y se relacionan con estas dos personas (Bardem y Cruz) que representan casi un encanto místico, sensualidad e imaginación".

"Por eso necesitaba a estos dos actores. Javier tiene un enorme carisma y Penélope es increíble en la pantalla", agregó.

"Cualquier persona que viniera de vacaciones a Barcelona y se encontrara con Javier y Penélope tal y como están en la película, se verían seducidos por ellos", aseguró el director neoyorquino, muy convencido de sus palabras.

En cuanto a la percepción que sus compatriotas tienen de la pareja española, señaló que se les considera "exóticos".

"Bardem se está haciendo muy conocido, pero es exótico. Y creo que Penélope es exótica incluso en España. Es una muy buena y bella actriz".

Esa característica encaja muy bien con los personajes que interpretan en la película, que son "bastante inusuales", para lo que necesitaba a "actores extremos", y ahí entraron los españoles. Porque "Javier es en cierta forma extremo, pero Penélope es excepcionalmente extrema".

"Penélope es extrema" y, cuando en una película hay un personaje así, "puedes realmente provocar fuegos artificiales" y, si no lo hay, "falta algo en la historia".

A los españoles les acompañan Scarlett Johansson, como una joven que "está buscando algo que no sabe lo que es" y que quiere una vida "más excitante", y Rebeca Hall, "una mujer muy normal y burguesa que quiere casarse, tener una casa e hijos".

Cada una de ellas realizará en su viaje a Barcelona una exploración de sus propios sentimientos y crecerán, "con buenos y malos momentos", explicó Allen.

Preguntado cuál de esos dos tipos de mujer preferiría, Allen realizó una breve disertación sin expresar gesto alguno: "Cada una tiene su interés. Preferiría a la más apasionada. Aunque la otra es más fácil para convivir. La otra es muy seductora pero....".

Además de los actores, había otro requisito importante para la puesta en marcha de esta historia.

La película, una "historia de amor", no se podía hacer en otro sitio que no fuera Barcelona. Podía haber funcionado en París o Venecia, a lo mejor, pero la historia en sí misma -la de dos jóvenes norteamericanas que buscan un cambio radical en sus vidas- necesitaba un cambio como el que se produce cuando viajan de Nueva York a Barcelona, explicó.

De ahí la elección de Barcelona, una ciudad "exótica" desde el punto de vista norteamericano y que se convirtió, como suele ser habitual en sus películas, en un personaje más de la historia.

"Quería que la gente de Estados Unidos viera Barcelona como ya la veo. Con agua, playas, parte antigua, arquitectura modernista, la comida....".

El norteamericano medio no suele tener la oportunidad de ver Barcelona en la pantalla. "Ven Londres, París, Viena, Alemania", pero los escenarios españoles sólo se pueden contemplar habitualmente en las películas españolas "que tienen una audiencia muy pequeña".

Allen, de 73 años y que tradicionalmente sitúa sus películas en Nueva York, con alguna incursión a Londres, rechazó las informaciones que aseguraron durante el rodaje en Barcelona que tuvo problemas y que, por tanto, nunca volvería a realizar un filme en España.

Muy al contrario, aseguró que el rodaje en Barcelona fue "más simple" que los de Nueva York.

El recuerdo del director de su rodaje en la ciudad condal es que la gente fue "muy, muy agradable" y "muy cooperativa", con muchos espectadores que se acercaban a ver el rodaje, más silenciosa que Nueva York, muy viva, con buen tiempo, música y comida y una mezcla de modernidad e historia que le gustó especialmente.

"Fue una experiencia muy agradable. Además tenía unos amigos que tocaban música, así que pasé mucho de mi tiempo libre tocando jazz. Fue una temporada muy muy agradable", aseguró.

Incluso señaló que planea volver a situar un filme en España y que, aunque no descarta Barcelona, podría ser en Madrid o San Sebastián.

Woody Allen resaltó además el "maravilloso" trabajo realizado por el director de fotografía Javier Aguirresarobe. "Tuve suerte de trabajar con él".

El resultado es un filme con una sensibilidad que "no es exactamente del norte, ni británica ni norteamericana ni alemana, es más mediterránea, más española", explicó.

Y expresó su deseo de que la gente que la vea en Estados Unidos piense: "Quiero ir a Barcelona".