El anfitrión de la cumbre de los siete países más industrializados del mundo más Rusia (G8), de 72 años, se concentró por completo en su trabajo y hasta cosechó elogios de sus socios a la organización del encuentro.
L'Aquila, Italia.- ¡Misión cumplida! Silvio Berlusconi ha sobrevivido a la cumbre de L'Aquila. Castigado durante semanas por revelaciones sobre noches de fiesta cargadas de dulzura y aventuras amorosas, el golpeado "cavaliere" ha superado la prueba de los tres días de cumbre del G8 en los Abruzos sin nuevos temblores peligrosos.

El anfitrión de la cumbre de los siete países más industrializados del mundo más Rusia (G8), de 72 años, se concentró por completo en su trabajo y hasta cosechó elogios de sus socios a la organización del encuentro.

Y, además, dio un loable rodeo a las trampas de los medios. Eludió con tenacidad las preguntas sobre la imagen de la "Bella Italia", que actualmente encarna prácticamente él solo en titulares negativos.

Contraatacó con la alta popularidad de la que goza como jefe de gobierno que, de acuerdo con los sondeos, le sitúa a la altura de Barack Obama. Berlusconi consiguió salir al paso con nerviosismo, expresión seria, y sorprendentemente no mostró su habitual humor extravagante.

La inquieta tierra de L'Aquila sólo tembló con leves sacudidas, por lo que no hubo que sacar del cajón el plan B para una dramática evacuación de Coppito, el lugar de la cumbre en L'Aquila.

Aunque el encuentro convirtió los Abruzos por varios días en ombligo político del mundo, no convirtió en absoluto al anfitrión Berlusconi en la figura líder del G8.

Si en L'Aquila alguien saltó a primera plana, ése fue el presidente de Estados Unidos, Barack Obama. Y él es cuarto de siglo más joven que el zar mediático y multimillonario milanés.

Antes de la elección de Obama, Berlusconi todavía bromeaba con que prefería al contrincante del actual mandatario norteamericano, John McCain, no por sintonía política, "sino porque así ya no seré el más viejo en la cumbre del G8".

Eso quedó en un deseo de ensueño, y el "cavaliere" al lado de un Obama vigoroso daba la impresión de ser un hombre del siglo XX, lo que de alguna forma se ajusta a la imagen de un grupo G8 pasado de moda, que debe ponerse a la altura de los tiempos actuales.

"Existen dos tipos de realidades, la del hombre de a pie y la de los periódicos, que son pura fantasía". Así se enfrenta una vez más a los impopulares medios impresos de toda Italia, España y Reino Unido, que explotan ampliamente su debilidad personal por el sexo femenino.

"Felicidades. No han obtenido lo que querían", espetó con ironía al diario liberal izquierdista "La Repubblica" con respecto a una pregunta sobre la imagen de Italia y su persona. ¿No había elogiado también Obama la organización de la cumbre, poniéndose con ello de su lado?

Berlusconi después le devolvió el favor al hombre que en su visita al devastado centro de L'Aquila le rodeó con su brazo en un gesto de consuelo. "Obama se ha colocado a la cabeza del movimiento climático", alabó Berlusconi a su socio norteamericano.

De este modo la cumbre tuvo un efecto balsámico para el espíritu italiano y el "cavaliere", que caminaba sobre un terreno escabroso tanto en lo sísmico como lo político. Tropezó brevemente una vez, cuando regresaba tarde de la tribuna de prensa, y fue sostenido enseguida por los agentes de seguridad. "Estoy muerto de cansancio", fue su escueto comentario.

Su cara denotaba tensión. Tras las turbulentas semanas en Roma, en las que ya se había barajado la posibilidad de elecciones anticipadas debido a los escándalos, el G8 no debía convertirse en una ruina; después ya se vería.

El traslado del encuentro de la isla La Maddalena a los derruidos Abruzos en el último momento, pese a insuficiencias organizatorias, tuvo una buena acogida. "Ha hecho bien en traernos aquí, para que podamos ver la dimensión de la devastación causada por el terremoto y la marcha de las tareas de reconstrucción", comentó el primer ministro británico, Gordon Brown.

Berlusconi no pudo evitar alabarse así mismo, como suele hacer habitualmente. "Estoy orgulloso de haber obrado casi un milagro". Se refería a la organización de esta cumbre improvisada.

Lo que sí sería un milagro es que pudiera hacer desaparecer las picantes fotos de sus fiestas y las declaraciones de las damas submundanas sobre su vida sentimental. Pero ese milagro no existe.