Los dos candidatos tienen dos meses por delante para intentar convencer a los electores de que lo que ofrecen es lo que necesita Estados Unidos.
Washington, EU .- Una mujer joven pero con una carrera meteórica y un hombre veterano que lo ha sido casi todo en la política serán quienes protagonicen la batalla por la vicepresidencia en las elecciones de noviembre en Estados Unidos.

El candidato republicano a la presidencia, John McCain, sorprendió a tirios y troyanos cuando se conoció que su selección para el puesto de "número dos" era la gobernadora de Alaska, Sarah Palin.

De 44 años de edad, Palin lleva en su puesto apenas dos años, pero su progresión ha sido meteórica. Con anterioridad fue alcaldesa de Wasilla -una población de 6.500 habitantes en Alaska- y ahora puede convertirse en la segunda al mando de su país.

El contraste con su rival demócrata no puede ser más marcado. El senador Joe Biden -la selección del candidato Barack Obama para la vicepresidencia- tiene 65 años y es un "zorro viejo" de la política.

Acumula 35 años de experiencia en el Senado, donde es presidente del influyente Comité de Relaciones Exteriores, y se ha presentado dos veces a la carrera por la presidencia de EEUU.

Biden es experto en política exterior, y presume de tratar de tú a primeros ministros y jefes de Estado de todo el mundo.

Su oponente, en cambio, apenas ha salido de Alaska desde que llegó a ese estado siendo apenas un bebé.

A priori, la experiencia de Biden le da una gran ventaja sobre su rival, en especial en el acto clave para ambos en la campaña, el debate de los candidatos a la vicepresidencia que se celebrará el 2 de octubre en la Universidad Washington de San Luis (Misuri).

Biden es un candidato versado en mil debates, al que le gusta hablar y dejar claro todo su conocimiento.

Esta, precisamente, puede ser su flaqueza, y el arma de Palin. La gobernadora se presenta como una cara nueva y un instrumento de cambio, precisamente las cosas de las que Biden no puede presumir.

En su discurso de presentación el viernes junto a McCain, Palin -que entre sus actividades cuenta la caza de alces- se describió como una candidata con los pies en el suelo, más interesada por la sustancia de los asuntos que por las palabras bonitas.

Ese contraste puede resultar atractivo para el estadounidense medio, que puede sentirse más cercano a una mujer que tiene un hijo en el Ejército y es miembro de la Asociación Nacional del Rifle que a un senador que, aunque de raíces trabajadoras, habla con palabras complicadas y lleva media vida en los pasillos del poder en Washington.

El hecho de que Palin sea mujer también puede jugar a su favor en un debate. Es posible que Biden, que ha hecho de la mordacidad uno de sus puntos fuertes, tenga que morderse la lengua para no ser acusado de agresividad contra una fémina.

Eso pese a que Palin no es ninguna mosquita muerta y se ganó en su juventud el apodo de "Sarah Barracuda" por su espíritu competitivo.

Palin se presenta asimismo como una candidata anticorrupción. Durante dos años fue miembro de la Comisión para la Conservación de la Energía y el Gas en Alaska y arremetió contra las grandes petroleras y la corrupción que percibió entre sus propios compañeros del partido republicano.

Esta lucha contra la corrupción le ha hecho enormemente popular en su estado.

Pero su candidatura no está exenta de riesgos. Carece de experiencia en la política nacional y ello la hace susceptible a críticas sobre su posible falta de preparación, similares a las que los propios republicanos han dirigido contra el candidato presidencial demócrata, Barack Obama.

Y está claro que sus posiciones en lo social le sitúan claramente en la derecha republicana. Es una antiabortista militante, algo que puede desagradar a muchas mujeres independientes, precisamente uno de los grupos de votantes a los que McCain busca cortejar.

Los dos candidatos tienen dos meses por delante para intentar convencer a los electores de que lo que ofrecen es lo que necesita Estados Unidos.

En noviembre serán los votantes quienes decidan si prefieren la veteranía de McCain y la novedad de Palin o la frescura de Obama y la experiencia de Biden.

En cualquier caso, este año lo que está claro es que la batalla por la Casa Blanca confronta a la experiencia contra la novedad.