Aracely Chantaka
Monterrey.- La noche fue fantástica; un viaje cargado de emociones como un paseo en velero, con las notas de su música como suave brisa y las letras de sus temas como imponente atardecer.
La poesía de Bob Dylan tatuó de amor el corazón de sus seguidores, que acudieron a su presentación en la Arena Monterrey.

El cantautor estadounidense regaló a unos 7 mil fanáticos una velada elegante, de exquisita riqueza musical y canciones poéticas.

Todo vestido de negro, sombrero claro y rostro inmutable, el músico apareció en punto de las 21:15 horas en el escenario. El primer tema de la noche fue "Rainy day Woman #12 & 35".

A lo largo de la velada Bob Dylan no se dirigió a la audiencia, ni siquiera para saludar, lo único que envió fueron descargas musicales, precisas como dardos, que hicieron blanco en el corazón de sus fans.

La presentación fue para auténticos seguidores, no para aquellos que conocen uno o dos de sus éxitos. La selección musical incluyó todas las corrientes que ha abarcado a lo largo de su fructífera carrera.

Su espigada figura resultó imponente por sí sola, sin embargo, su voz con ese estilo tan peculiar se encargó de rematar una noche única, enmarcada por distintos ritmos como el blues, rock y hasta el country.
Del área de cancha se dejaban escuchar gritos como "Bob, eres único" o "Eres mi ídolo".
El complemento

Tony Garnier, Denny Freeman, Stu Kimbal, Donnie Herron y George Recile son los músicos que acompañan a la veterana estrella del rock, sin ellos la noche no hubiera estado completa, ni hubiera sido tan perfecta.
Por su parte, Bob también se encargó, como es su costumbre, de tocar algunos instrumentos como la guitarra, la armónica y los teclados. Sus movimientos en el escenario fueron limitados, no hacían falta, aunque a su público lo hubiera enloquecido que mostrara más proximidad.

Otros de los temas de la velada fueron: "Don't Think Twice", "it's All Right" y "Master of War".
La producción fue de lo más austera, apenas un telón negro en la parte de atrás y en el piso del escenario una estrella de siete picos. Las luces en todo momento son tenues, por lo que le dan al espectáculo un ambiente intimista.

Las letras de corte pacifista también tuvieron cabida en el repertorio, así como aquellas más delicadas, casi celestiales como "Spirit of the Water".

La música de Bob Dylan es como un libro interesante que se comienza en un instante, atrapa página tras página y se desea devorar en el mismo día.

Los versos de sus temas cautivaron, pero la rola que en verdad hizo saltar de los asientos fue la estremecedora "Like a Rolling Stone".

La figura desgarbada de voz ronca y áspera concluyó su actuación con ese tema.
Pero el concierto no podía concluir así, Bob regresó para entonar "Thunder on the Mountain" y cerrar con broche de oro a cargo de "Blowin'in the Wind, a las 23:10 horas.