Los autobuses urbanos de Madrid circulan abarrotados debido a la huelga de metro que afectó a unos dos millones de usuarios, en la segunda de las tres jornadas de paro convocadas por los sindicatos. Foto EFE/Vanguardia
"He tomado un autobús abarrotado de gente, que ha tardado más de media hora en cubrir un trayecto que normalmente se hace en diez minutos", corroboraba una viajera, muy enojada.
Madrid, España.- "Parece mentira que esto pueda ocurrir en Madrid". La huelga de los trabajadores del metro de la capital española sumió hoy a la ciudad en un caos del que muy pocos pudieron salir indemnes.

Con el cierre del suburbano ante la decisión de los trabajadores de no cumplir los servicios mínimos, Madrid se convirtió en una ciudad salpicada de largas filas de personas esperando bajo el sol y el calor veraniego la llegada de autobuses abarrotados. Los atascos fueron mucho mayores de los que sufren las calles madrileñas habitualmente.

Más de dos millones de personas tuvieron que echar mano de ingenio y, sobre todo, paciencia, para moverse por la ciudad. Los retrasos en las llegadas al trabajo estuvieron a la orden del día, con el medio de transporte más utilizado por los madrileños parado.

Quien decidió sacar el automóvil del garaje se encontró con atascos convertidos en ratoneras. Los que optaron por el autobús tuvieron que esperar largas colas, cinco veces mayores que lo habitual para apretarse después como sardinas en lata en recorridos cuya duración hoy se triplicaba. Eso, si lograban entrar en el autobús. Porque muchos no paraban ante la falta de espacio para que subieran más viajeros.

"He tomado un autobús abarrotado de gente, que ha tardado más de media hora en cubrir un trayecto que normalmente se hace en diez minutos", corroboraba una viajera, muy enojada.

Otra explicaba la reacción comprensiva de su jefe, que le instó a tomar un taxi a cargo de la empresa para poder llegar al trabajo. Pero la misma idea la tuvieron muchos y en plena hora punta, encontrar libre uno de estos vehículos se hacía casi imposible.

Las aceras se inundaron de gente, sobre todo en hora punta. Algunos esperaban al autobús, otros confiaban en ver pasar un taxi libre. Y muchos decidieron echar a andar. "Es una situación tercermundista", decía indignada otra mujer.

Los trabajadores del metro de Madrid han alzado el hacha de guerra contra el gobierno regional de Esperanza Aguirre, del conservador Partido Popular (PP), ante el anuncio de recortes salariales como parte del plan de ahorro para hacer frente a la crisis.

El lunes, en el primer día de huelga, cumplieron los servicios mínimos establecidos en el 50 por ciento. Pero hoy se los saltaron como medida de presión, pese a las advertencias realizadas desde el Ejecutivo autonómico, que hoy anunció la apertura de expediente a los que no acudieron a sus puestos de trabajo para cumplir con esos mínimos. Hubo algunos que sí lo hicieron, pero los piquetes impidieron desde la madrugada la salida de los convoyes en las cabeceras.

"Pondremos Madrid patas arriba", advirtieron ya los trabajadores la semana pasada. Y hoy lo cumplieron. Mañana miércoles se repetirá la situación, después de decidir hoy en una nueva asamblea que en la tercera jornada de huelga tampoco cumplirán con los servicios mínimos.

Si el lunes había cierta comprensión hacia quienesestaban en huelga, la odisea a la que muchos se enfrentaron hoy acabó con ella. "Me parece muy bien que protesten, pero que lo hagan un fin de semana, no cuando vamos todos a trabajar", se quejó un viajero. "¿Por qué tenemos que pagar todos las pataletas de algunos?", decía otro